Un reciente estudio revela que los estadounidenses están más pesimistas que nunca respecto a sus perspectivas laborales, con una probabilidad del 22% de perder su empleo en los próximos cinco años. Este dato es alarmante, ya que supera las cifras observadas durante la crisis financiera global de 2007 a 2009. La preocupación se centra en el impacto de la inteligencia artificial (IA) y la automatización, que, según un 20% de los trabajadores encuestados, podría reemplazarlos en sus puestos de trabajo.

A pesar de este pesimismo, los economistas mantienen una visión más optimista. Argumentan que la historia muestra que la tecnología, aunque disruptiva, no ha causado desempleo masivo. A lo largo de los años, cuando la tecnología ha desplazado a trabajadores de ciertas ocupaciones, también ha creado nuevas oportunidades laborales en otros sectores. Actualmente, la tasa de desempleo en EE.UU. se sitúa en un 5%, y el número de empleos en sectores expuestos a la IA, como el derecho, nunca ha sido tan alto.

La historia económica respalda esta perspectiva. Desde la Revolución Industrial, la adopción de nuevas tecnologías ha llevado a un aumento en el empleo, no a su disminución. Por ejemplo, entre 1760 y 1860, el número de británicos empleados se triplicó, a pesar de los avances tecnológicos que transformaron la industria. Este patrón sugiere que, aunque la IA puede generar cambios significativos en el mercado laboral, es poco probable que cause un desempleo masivo de manera inmediata.

Sin embargo, los expertos advierten que si la IA provoca un aumento significativo en la productividad sin un crecimiento correspondiente en los salarios reales, podría haber un desajuste en la economía. Esto se manifestaría en un aumento del PIB per cápita y en un incremento de las ganancias corporativas, mientras que los salarios de los trabajadores se estancan. Tal escenario podría ser un indicativo de que la tecnología está beneficiando más al capital que al trabajo, lo que podría generar tensiones en el mercado laboral.

De cara al futuro, es crucial observar cómo la economía se adapta a estos cambios tecnológicos. La próxima recesión podría ser un punto de inflexión, ya que las recesiones históricamente han llevado a la eliminación de empleos improductivos y a la reubicación de capital y trabajo hacia sectores más productivos. Los economistas del Bureau of Labor Statistics (BLS) proyectan que EE.UU. añadirá 5,2 millones de empleos entre 2024 y 2034, lo que representa un crecimiento del 3% en el empleo total. Sin embargo, la forma en que la IA impactará en este crecimiento sigue siendo incierta y merece atención.