La guerra entre Estados Unidos e Irán, que comenzó el 28 de febrero de 2026, ha tenido un impacto significativo en los planes de inversión de los estados del Golfo Pérsico en Asia Central. Aunque estos países, como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar, no son beligerantes directos, han sufrido las consecuencias económicas de los ataques iraníes a su infraestructura energética y de transporte. Goldman Sachs estima que, si las interrupciones persisten, el PIB de Qatar y Kuwait podría caer hasta un 14%, mientras que el de los EAU y Arabia Saudita podría disminuir un 5% y un 3%, respectivamente. La situación ha llevado a una revisión de las estrategias de inversión, priorizando la recuperación interna y la defensa sobre los proyectos en el extranjero.

Antes del conflicto, los estados del Golfo habían estado aumentando sus inversiones en Asia Central, con un total de 16.200 millones de dólares hasta finales de 2025. Estas inversiones estaban alineadas con las estrategias de diversificación económica y buscaban reducir la dependencia del petróleo, además de contrarrestar la influencia de Rusia y China en la región. Sin embargo, la guerra ha creado un entorno de incertidumbre que ha llevado a los fondos soberanos del Golfo, que gestionan alrededor de 5 billones de dólares, a reconsiderar sus compromisos internacionales, priorizando las necesidades domésticas.

Las proyecciones de crecimiento económico en Asia Central también se han visto afectadas. El bloqueo del estrecho de Ormuz y las interrupciones en las rutas comerciales han elevado los costos logísticos para los países de Asia Central, que dependen de Irán para acceder a los mercados del Golfo. Esto ha generado inflación y escasez de bienes, lo que a su vez hace que la región sea menos atractiva para las grandes inversiones del Golfo en el corto plazo. Aunque no se han cancelado proyectos específicos, la tendencia es hacia la desaceleración y la reevaluación de las inversiones.

En términos de implicancias para los inversores, la imagen del Golfo como un refugio seguro ha sido dañada, lo que ha incrementado los costos de capital y ha hecho que las expansiones internacionales sean menos atractivas. Esto no solo afecta la inversión extranjera directa hacia el Golfo, sino también los planes de inversión de estos estados en el extranjero. Las inversiones en infraestructura y energía en Asia Central, que antes eran vistas como una oportunidad, ahora enfrentan un mayor riesgo y una posible reducción en el financiamiento.

A futuro, la situación sigue siendo volátil. Aunque hay un interés creciente en la diversificación de las rutas comerciales y en la búsqueda de proveedores alternativos, la realidad es que los estados del Golfo están priorizando la estabilidad interna. La próxima cumbre de Asia Central y el Golfo, programada para mayo de 2025 en Samarcanda, se ha pospuesto indefinidamente, lo que refleja la incertidumbre actual. Los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan las negociaciones de paz y si se logran estabilizar las rutas comerciales, lo que podría abrir nuevas oportunidades en la región.