La reciente escalada de tensiones en Medio Oriente ha provocado un notable desacople cambiario entre el peso uruguayo y el real brasileño. Desde principios de año, el real ha pasado de costar alrededor de 7 pesos uruguayos a más de 8, lo que representa un incremento de casi el 15% en apenas cuatro meses. Este fenómeno se ha visto impulsado por la subida del petróleo, provocada por el cierre del estrecho de Ormuz, que ha inyectado dólares en la economía brasileña, fortaleciendo su moneda a diferencia del peso uruguayo.

El contexto global también ha influido en esta dinámica. El dólar estadounidense ha mostrado debilidad en los mercados internacionales, lo que ha generado un efecto de desacople en la región. A medida que los inversores globales buscan refugio en el dólar ante la inestabilidad, el peso uruguayo, que no se beneficia de la exportación de petróleo y presenta un diferencial de tasas de interés menos atractivo, ha cedido terreno. En contraste, el real brasileño se ha fortalecido gracias a la entrada de divisas por el aumento en los precios del crudo, que ha subido más de un 40% desde el inicio del conflicto.