La empresa brasileña de energía Cemig (CMIG4) ha presentado sus resultados financieros correspondientes al primer trimestre de 2026, donde reportó un lucro neto de R$ 979 millones. Este resultado representa una disminución del 5,8% en comparación con el mismo período del año anterior. A pesar de esta caída en el lucro, la compañía logró un crecimiento en su ingreso total, que alcanzó R$ 10,46 mil millones, lo que equivale a un aumento del 6,3% interanual. Sin embargo, el EBITDA consolidado se situó en R$ 1,79 mil millones, un descenso del 2,1% respecto al primer trimestre de 2025 y por debajo de las expectativas de los analistas que esperaban R$ 1,9 mil millones.

La reciente gestión de Reynaldo Passanezi Filho, quien deja el cargo de CEO, se caracterizó por un ciclo de crecimiento y mejoras en la eficiencia operativa. Durante su mandato, Cemig realizó inversiones récord que fortalecieron su posición en el mercado. La elección de Alexandre Ramos Peixoto como nuevo CEO marca un cambio significativo en la dirección de la empresa. Peixoto, ingeniero de formación, ha estado vinculado a la compañía durante años y tiene experiencia en el sector eléctrico, habiendo trabajado en diversas instituciones relacionadas con la energía en Brasil.

Cemig, que opera principalmente en Minas Gerais, tiene una concesión que cubre el 97% del estado y atiende a 9,5 millones de consumidores. La compañía cuenta con una extensa red de transmisión y una diversificada capacidad de generación que incluye hidroeléctricas, energía eólica y solar. En los próximos años, Cemig planea invertir hasta R$ 40 mil millones, concentrándose en la expansión de su infraestructura de distribución de energía, lo que podría tener un impacto significativo en su capacidad de generación de ingresos futuros.

La privatización de Cemig ha sido un tema recurrente en el discurso del gobierno estatal, que posee un 17,04% de la empresa. La intención de transformar Cemig en una corporation sin un controlador definido podría abrir nuevas oportunidades de inversión, aunque el proceso podría verse afectado por el contexto político y las elecciones programadas para este año. La estrategia de desinversión en activos no estratégicos también es notable, con la reciente venta de su participación en Aliança Energia a Vale por R$ 2,7 mil millones.

Para los inversores, la situación de Cemig presenta tanto oportunidades como riesgos. La caída en el lucro y el EBITDA podría generar preocupaciones sobre la rentabilidad a corto plazo, pero el crecimiento en los ingresos y los planes de inversión a largo plazo sugieren un potencial de recuperación. Es fundamental monitorear cómo la nueva gestión bajo Peixoto implementará su visión y si logrará mantener la trayectoria de crecimiento y eficiencia que caracterizó a su predecesor. Además, el avance del proceso de privatización y la respuesta del mercado a estas decisiones serán factores clave a seguir en los próximos meses.