- El 6% más rico de Argentina concentra el 34% de la riqueza del país.
- El ingreso familiar promedio en la clase alta es de USD 7.900 mensuales.
- El 50% de la clase alta posee una segunda vivienda, frente al 5% en sectores medios y bajos.
- El 71% de la clase alta realiza al menos dos viajes internacionales al año.
- El 65% de la clase alta utiliza servicios bancarios premium y opera en instrumentos financieros.
- El 80% de la clase alta valora 'comprar de manera inteligente' en su consumo.
Un reciente análisis de la consultora Moiguer ha revelado que el 6% más acaudalado de la población argentina concentra el 34% de la riqueza del país. Este segmento, que equivale a aproximadamente 2,8 millones de personas, tiene un ingreso familiar promedio de USD 7.900 mensuales. En contraste, el 1% más rico de la población alcanza ingresos mensuales de hasta USD 16.000. Esta disparidad en la distribución de la riqueza se refleja en los hábitos de consumo, donde la clase alta gasta en experiencias, viajes y bienes premium, mientras que la clase media y baja se ve obligada a ajustar sus gastos y priorizar promociones para mantener su consumo cotidiano.
La estructura social en Argentina ha mostrado una creciente fragmentación. Mientras que la clase media representa el 44% de la población y la clase baja el 50%, el salario promedio en el país se sitúa en alrededor de USD 770 mensuales. Esto pone de manifiesto la amplia brecha económica que existe entre los diferentes segmentos de la población. Además, el informe destaca un cambio en la percepción social sobre la riqueza, donde un 59% de los encuestados considera que tener dinero ya no es mal visto, cifra que asciende al 66% entre los sectores de menores ingresos.
Dentro del segmento de mayores ingresos, se han identificado tres perfiles: los “herederos” (44%), que gestionan patrimonios familiares; los “autoconstruidos” (39%), que asocian su consumo con el mérito y el progreso; y el grupo “fast money” (17%), que se refiere a ingresos generados fuera de los circuitos tradicionales. Las diferencias en los patrones de consumo son notables, con el 50% de la clase alta poseyendo una segunda vivienda, en comparación con solo el 5% en los sectores medios y bajos. En el sector automotor, el 88% de la clase alta tiene vehículo propio, y el 44% posee autos de menos de tres años.
El acceso a bienes y experiencias también resalta la desigualdad. Un 29% de la clase alta posee embarcaciones, mientras que solo el 3% de la población general puede permitirse este lujo. Además, el 71% de este grupo realiza al menos dos viajes internacionales al año, y un 18% supera los cuatro viajes anuales, con destinos frecuentes en Estados Unidos, Europa y el Caribe. En cuanto a los hábitos de viaje, el 80% utiliza salones VIP en aeropuertos y el 63% vuela en clase business o primera, lo que evidencia un estilo de vida marcado por el consumo de lujo.
A pesar de las diferencias en el consumo, el estudio también identifica una tendencia común hacia la optimización del gasto. Ocho de cada diez personas de la clase alta valoran “comprar de manera inteligente”, y el 83% de los consumidores ha perdido fidelidad a las marcas, incorporando nuevas alternativas en el último año. Este comportamiento se observa también en la clase media y baja, lo que sugiere un cambio en la forma en que los argentinos perciben y manejan su consumo. Geográficamente, la riqueza ya no se concentra exclusivamente en Buenos Aires, con un notable crecimiento de barrios privados y urbanizaciones premium en el interior del país, lo que refleja un cambio estructural en la distribución de la riqueza.
En el futuro, será importante monitorear cómo estas tendencias de consumo y la percepción de la riqueza continúan evolucionando, especialmente en un contexto donde la clase alta comienza a visibilizar más abiertamente su estilo de vida. La expansión de economías regionales y sectores como la energía y el agro también podría influir en la dinámica de consumo y en la distribución de la riqueza en Argentina. Eventos como la próxima elección presidencial y las políticas económicas que se implementen tendrán un impacto significativo en la estructura social y en los hábitos de consumo de los argentinos.
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