A seis semanas de las elecciones parlamentarias más importantes en Armenia en una generación, la Unión Europea (UE) está utilizando sus herramientas de monitoreo y apoyo democrático de manera cuestionable. La misión de respuesta rápida híbrida de la UE en Armenia, lejos de ser un organismo independiente, está asesorando directamente al primer ministro Nikol Pashinyan. Además, un paquete de 12 millones de euros destinado a contrarrestar la desinformación se canaliza a través de instituciones bajo la influencia del gobierno, lo que ha llevado a la oposición y a observadores independientes a acusar a la UE de facilitar la manipulación electoral.

La situación se complica aún más con las recientes enmiendas al Código Electoral, aprobadas por el partido Civil Contract, que otorgan amplios poderes a las autoridades para descalificar organizaciones de observación electoral. Este proceso se realizó bajo un procedimiento legislativo de emergencia que impide la deliberación pública, y la UE no ha emitido ninguna respuesta pública a estas acciones. La falta de reacción de Bruselas ante estos acontecimientos sugiere una complicidad tácita en el deterioro de las normas democráticas en el país.

Pashinyan, quien ha mantenido relaciones cercanas con Rusia, ha declarado que la amistad con Moscú es crucial para Armenia, lo que plantea dudas sobre la sinceridad de sus acercamientos a la UE. A pesar de que Armenia firmó un Acuerdo de Asociación Integral y Mejorada con la UE, las acciones del primer ministro indican que su lealtad sigue siendo hacia Rusia y Turquía. Esto se evidencia en su disposición a enviar tropas armenias a servir junto a fuerzas rusas en Siria y su participación activa en cumbres de la Unión Euroasiática.

El impacto de la postura de la UE en Armenia podría tener repercusiones más amplias en la región del Cáucaso del Sur, especialmente en el contexto de la seguridad energética europea. La UE ha buscado diversificar sus fuentes de gas tras la invasión rusa a Ucrania, y Armenia, al estar situada entre Bruselas y Bakú, juega un papel estratégico en este sentido. Mantener a Pashinyan en el poder podría ser visto como una forma de asegurar el flujo de gas a Europa, a pesar de las implicaciones para la democracia en Armenia.

Con la cumbre UE-Armenia programada para el 4 y 5 de mayo en Ereván, los líderes europeos corren el riesgo de legitimar un régimen que está encarcelando a opositores y modificando las reglas electorales en tiempo real. Para evitar repetir errores pasados, como el apoyo de funcionarios estadounidenses a regímenes poco democráticos, la UE debe reconsiderar su enfoque y asegurar que su apoyo no se traduzca en un respaldo a la represión política. Las acciones que tome la UE en los próximos días serán cruciales para determinar el futuro político de Armenia y su relación con Europa.