Los costos de endeudamiento del gobierno británico han alcanzado niveles no vistos desde la crisis financiera de 2008, impulsados por un aumento significativo en los precios del petróleo que ha generado una venta masiva de deuda pública. La rentabilidad de los bonos a 10 años, un indicador clave de la capacidad de un gobierno para financiarse a largo plazo, superó el 5% por tercera vez desde el inicio de la guerra en Irán. Este aumento refleja la vulnerabilidad del Reino Unido ante el actual choque energético, exacerbado por la dependencia del país de las importaciones de petróleo y gas.

En los últimos dos meses, los costos de endeudamiento del Reino Unido han aumentado más que en cualquier otra economía desarrollada, con un incremento notable en el extremo más corto de la curva de rendimiento. Desde marzo, la rentabilidad de los bonos a dos años ha subido más de un punto porcentual, lo que ha llevado a los operadores a reducir drásticamente sus expectativas sobre posibles recortes de tasas por parte del Banco de Inglaterra. Este cambio en las expectativas se debe a la prolongación del conflicto en Irán, que ha afectado negativamente las proyecciones de crecimiento y ha aumentado la incertidumbre sobre la estabilidad fiscal del país.

Los analistas advierten que una serie de errores de política y la dependencia del Reino Unido de las importaciones de energía lo hacen particularmente vulnerable a choques externos. El aumento en los costos de energía, que ya se encuentran en niveles elevados, podría agravar la inflación, lo que a su vez afectaría los rendimientos reales de los bonos. La diferencia en los costos de endeudamiento entre el Reino Unido y Estados Unidos ha alcanzado 70 puntos básicos, un nivel que no se veía desde finales de 2025, lo que indica una creciente percepción de riesgo asociado a la deuda británica.

La inflación ha sido un problema persistente para el Banco de Inglaterra, que ha tenido dificultades para controlar el aumento de precios desde la invasión de Ucrania y la controvertida mini-presupuesto de Liz Truss en 2022. A pesar de que se esperaba que la inflación comenzara a disminuir, el reciente aumento en los precios del petróleo ha revertido esas proyecciones. El crudo Brent alcanzó más de $111 por barril, su nivel más alto desde el inicio del conflicto, lo que ha llevado a los inversores a reevaluar sus posiciones en el mercado de bonos.

De cara al futuro, los inversores deben estar atentos a las reuniones clave de los bancos centrales programadas para esta semana, así como a la evolución de la situación en el estrecho de Ormuz, un punto crítico para el transporte de petróleo. La incertidumbre en torno a los precios del petróleo y su impacto en la inflación seguirá siendo un tema central en las discusiones sobre política monetaria, lo que podría influir en las decisiones de inversión en el mercado de deuda y en otros activos relacionados con la energía.