- El costo del Programa Médico Obligatorio (PMO) es de $85.000, mientras que el aporte promedio por beneficiario es de $67.525.
- El 67% de los trabajadores aporta menos que el promedio, y 2 millones de monotributistas aportan solo $22.000 mensuales.
- Desde el año 2000, el PMO ha incorporado servicios no médicos, aumentando su costo significativamente.
- IDESA propone que el Estado financie servicios no médicos y que el Fondo Solidario de Redistribución se enfoque en afiliados de menores aportes.
- La viabilidad política de las reformas es cuestionable, ya que el gobierno actual se opone a asumir nuevos gastos.
El sistema de salud en Argentina enfrenta una crisis profunda, donde el financiamiento de las obras sociales y prepagas se encuentra en un estado crítico. Según un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), el recurso mensual promedio por beneficiario es de $67.525, mientras que el costo del Programa Médico Obligatorio (PMO) asciende a $85.000, lo que representa una brecha del 26%. Este desfinanciamiento no es un problema reciente, sino que se ha ido acumulando a lo largo de décadas de promesas políticas sin el respaldo financiero correspondiente.
El 67% de los trabajadores aporta menos del promedio mencionado, lo que significa que la mayoría de los afiliados no alcanza a cubrir ni siquiera el mínimo requerido. Además, alrededor de 2 millones de monotributistas aportan apenas $22.000 mensuales, lo que representa menos de una cuarta parte del costo del PMO. Esta situación se agrava con la reciente reforma que elimina la “derivación de aportes” a partir de 2025, lo que obligará a las prepagas a aceptar a afiliados con menores ingresos, aumentando la carga financiera sobre un sistema ya debilitado.
La historia del PMO se remonta a 1996, cuando se estableció como un conjunto limitado de prestaciones médicas básicas. Sin embargo, desde el año 2000, el Congreso ha ido incorporando servicios adicionales que no son estrictamente médicos, como atención a la discapacidad y salud mental, lo que ha incrementado significativamente los costos. Además, la inclusión de innovaciones médicas y el aumento de amparos judiciales han hecho que el PMO sea cada vez más costoso en relación a los aportes de los trabajadores. Actualmente, hay un amparo judicial por cada 1.000 afiliados, y esta tendencia sigue en aumento.
IDESA propone dos medidas concretas para abordar esta crisis. La primera es depurar el PMO, devolviendo al Estado la responsabilidad de financiar servicios que no son estrictamente médicos. Esto permitiría que las obras sociales y prepagas se concentren en lo que realmente les corresponde, reduciendo así el costo del PMO. La segunda medida es redirigir el Fondo Solidario de Redistribución (FSR), que actualmente se distribuye de manera casi equitativa entre todos los afiliados, sin tener en cuenta sus ingresos. IDESA sugiere que este fondo se enfoque en los afiliados de menores aportes, lo que podría ayudar a cerrar la brecha entre lo que aportan y el costo real del PMO.
Sin embargo, la viabilidad política de estas reformas es cuestionable. Mientras que la redistribución del FSR podría implementarse con un simple cambio administrativo, la depuración del PMO enfrenta la resistencia del gobierno actual, que se opone a asumir el financiamiento de servicios que hoy recaen en las obras sociales. Esta situación refleja una paradoja: un ajuste indiscriminado puede resultar menos eficiente que una reforma ordenada que priorice a quienes más lo necesitan. La Superintendencia de Salud ya cuenta con un esquema alternativo de distribución, pero no lo aplica, lo que perpetúa un sistema que muchos consideran arbitrario.
El diagnóstico final de IDESA es claro: el sistema de obras sociales y prepagas ha sido víctima de una doble demagogia acumulada a lo largo de los años. Por un lado, el Congreso ha inflado el PMO con promesas sin financiamiento, y por otro, se han incorporado millones de trabajadores de bajos aportes sin ajustar las obligaciones del sistema. Mientras estas lógicas no se corrijan, el desfinanciamiento seguirá creciendo, afectando no solo a los afiliados, sino también al sistema de salud en su conjunto.
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