El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México reportó el viernes pasado un crecimiento mensual del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) de apenas 0.1% en febrero, mientras que en comparación anual, se registró un retroceso del 0.3%. Este desempeño sugiere que el país se encamina hacia su primera contracción trimestral desde finales de 2024, con proyecciones de caídas trimestrales del Producto Interno Bruto (PIB) que oscilan entre 0.4% y 0.6% según estimaciones de Banamex y Banco Base. Sin embargo, la cifra agregada del IGAE no es lo más relevante; es crucial analizar los detalles subyacentes y el contexto más amplio que rodea estos números.

La revisión de datos del boletín del 24 de abril ajustó la caída de enero a 0.7%, en lugar del 0.9% reportado inicialmente. A pesar de esta ligera mejora, el sesgo del trimestre se mantiene negativo. El Indicador Oportuno de Actividad Económica (IOAE) anticipa para marzo una variación mensual nula y un crecimiento anual de solo 0.5%, en comparación con el 1.6% del cuarto trimestre de 2025. Esto indica una desaceleración clara en la actividad económica, pero lo más importante es identificar las causas detrás de esta tendencia.

Una de las razones más evidentes es la caída sostenida en el sector manufacturero, que ha experimentado nueve meses consecutivos de disminuciones anuales, con una caída del 2.3% en febrero. Este sector ha sido arrastrado por la reconfiguración del sector automotriz y por los aranceles impuestos por Estados Unidos, que han mantenido a la producción de equipos de transporte en contracción. Además, el sector fiscal también está mostrando signos de debilidad, ya que la inversión física del gobierno federal cayó un alarmante 44.9% en términos reales en el primer bimestre del año, marcando su mayor descenso en 36 años.

La caída en la inversión pública ha tenido un impacto directo en el comercio y los servicios. Por ejemplo, el comercio al por mayor ha disminuido un 1.3% en comparación anual, mientras que los servicios profesionales, científicos y técnicos han visto un desplome del 7.3%. Esto no se debe únicamente a una economía fría, sino a que la cadena de suministro que dependía del gasto en obra pública está experimentando un secado notable. La inversión privada también está siguiendo esta tendencia, con una contracción del 9.8% en la formación bruta de capital fijo en maquinaria y equipo en enero, donde el componente privado cayó un 4.5%.

Adicionalmente, un evento reciente podría haber influido en la caída de ciertos sectores. La muerte de Nemesio Oseguera, conocido como “El Mencho”, el 22 de febrero, provocó una ola de violencia que incluyó 252 narcobloqueos y ataques a establecimientos comerciales. Las cámaras empresariales han estimado pérdidas potenciales de hasta mil millones de pesos diarios en comercio y turismo. Esto podría explicar en parte el derrumbe del 7% en los servicios de esparcimiento y del 3.2% en alojamiento y alimentos. Sin embargo, sin un desglose regional, es difícil establecer una relación precisa entre estos eventos y la caída en el IGAE.

Finalmente, la recaudación del IVA, que cayó un 8.8% en términos reales en el primer bimestre, refuerza la idea de una demanda interna débil. Aunque el Impuesto Sobre la Renta (ISR) ha crecido, el IVA es un indicador más sensible al consumo y al pulso empresarial. Esta contracción en la recaudación no es simplemente ruido estadístico; refleja una economía que enfrenta un estancamiento en los ingresos reales y un consumo ralentizado. Con una inflación del 4.6% en marzo, que supera la meta del Banco de México, y una informalidad laboral del 54.8%, el panorama es preocupante.

La situación actual plantea preguntas sobre la política económica del gobierno. No se trata solo de si el Banco de México continuará con su ciclo de bajas de tasas, sino de si el gobierno federal está dispuesto a corregir el rumbo. La inversión pública ha caído drásticamente, con solo el 9.5% del gasto neto destinado a infraestructura, en comparación con el 18% en 2014. Es urgente que se implementen esquemas de inversión público-privada para atraer a los inversionistas. De lo contrario, la debilidad observada en el primer trimestre podría convertirse en una tendencia crónica a lo largo del año.