La reciente caída de la inflación en Argentina al 32% interanual en marzo de 2026 marca un cambio significativo en la política económica del país, que había enfrentado una inflación descontrolada de 289% en noviembre de 2023. Esta reducción, aunque notable, ha sido acompañada por un crecimiento económico del 3,5% en el mismo período, lo que sugiere que los beneficios de esta recuperación aún no se sienten en la vida cotidiana de la población. A pesar de la mejora en las cifras macroeconómicas, el deterioro en los salarios reales y el empleo plantea serias dudas sobre la sostenibilidad de este crecimiento.

Desde el inicio del mandato, los salarios reales han caído durante seis meses consecutivos, acumulando una pérdida de poder adquisitivo del 8,9%. Además, aunque se han creado 113 mil nuevos empleos, esto ha sido a expensas de la destrucción de 265 mil puestos de trabajo formales. Este fenómeno refleja una recesión en sectores vinculados a la demanda interna, lo que indica que el crecimiento económico no se distribuye de manera equitativa entre la población. La situación es aún más preocupante si se considera que la industria manufacturera ha sufrido una caída del 8,7% interanual, afectada por la apreciación del peso y la disminución de la demanda interna.

El gobierno argentino, liderado por Javier Milei, sostiene que no hay un “problema macroeconómico”, sino un ajuste “microeconómico” hacia una nueva matriz productiva. Sin embargo, esta perspectiva puede ser demasiado optimista, ya que la recesión se extiende más allá de la industria manufacturera, afectando también a sectores no transables que dependen de la demanda interna. La combinación de una política monetaria extremadamente contractiva y una política fiscal procíclica ha generado un entorno complicado, donde la caída en la recaudación real ha limitado la capacidad del gobierno para estimular la economía.

La política monetaria actual, caracterizada por un aumento en las tasas de interés y un apretón en la oferta de dinero, ha llevado a un aumento en la mora bancaria a niveles récord. La suba de tasas reales ha golpeado el crédito y ha tensionado la cadena de pagos, profundizando la recesión en sectores orientados al mercado interno. Para que el gobierno logre consolidar la desinflación sin seguir deteriorando la actividad económica, es crucial que recalibre su política monetaria, estableciendo reglas claras y previsibilidad en lugar de depender de decisiones discrecionales.

De cara al futuro, es fundamental que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) establezca un ancla nominal clara y reduzca la discrecionalidad en su política monetaria. Sin un marco monetario creíble, la desinflación se vuelve frágil y dependiente de condiciones transitorias. Los inversores deben estar atentos a posibles cambios en la política monetaria y fiscal, así como a la evolución de las tasas de interés y la recuperación del empleo en los próximos meses, ya que estos factores influirán en la estabilidad económica del país y en su capacidad para atraer inversiones.