La industria petrolera de Colombia enfrenta un momento crítico, con la producción de crudo cayendo a un promedio de 734.924 barriles por día (bpd) en febrero de 2026, la cifra más baja desde abril de 2025. Este descenso se produce en un contexto donde los precios del petróleo Brent han superado los 100 dólares por barril, lo que genera un resurgimiento de la esperanza para el sector. Sin embargo, la producción actual es significativamente inferior a los 1.029.798 bpd registrados en febrero de 2015, cuando los precios del Brent cayeron por debajo de los 60 dólares. Este contraste resalta la fragilidad de la industria colombiana, que ha sido golpeada por reformas regulatorias y fiscales adversas en los últimos años.

Desde la llegada al poder del presidente Gustavo Petro en agosto de 2022, la política energética del país ha cambiado drásticamente. Petro, quien es el primer presidente de izquierda en la historia reciente de Colombia, ha implementado reformas que buscan reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Estas incluyen la prohibición de la fracturación hidráulica y la suspensión de nuevas licencias de exploración, lo que ha generado incertidumbre y ha llevado a muchas empresas a reducir su inversión en el sector. Como resultado, la producción de gas natural también ha disminuido, alcanzando un promedio de 695 millones de pies cúbicos por día en febrero de 2026, un 15.7% menos que el año anterior.

La caída en la producción de hidrocarburos es alarmante, especialmente considerando que la demanda interna de gas natural está en aumento. Para satisfacer esta demanda, Colombia ha tenido que incrementar las importaciones de gas licuado de petróleo (LPG), que han crecido diez veces entre 2022 y 2025. Se estima que para 2026, un cuarto del gas natural consumido en el país será importado, lo que representa un desafío significativo para la economía, dado que el gas natural es un insumo clave para los sectores agrícola e industrial.

A pesar de estos desafíos, el reciente aumento en los precios del petróleo podría ser un catalizador para revitalizar la industria energética colombiana. Con el precio del Brent en torno a los 100 dólares por barril, las operaciones en el sector petrolero podrían volverse rentables incluso con los impuestos y restricciones impuestos por el gobierno de Petro. El costo de producción promedio se estima entre 30 y 50 dólares por barril, lo que significa que los productores podrían absorber los costos adicionales asociados con las técnicas de recuperación mejoradas necesarias para extraer petróleo de los yacimientos envejecidos.

En el futuro, los inversores deben prestar atención a las elecciones presidenciales de 2026, donde se espera que un candidato más amigable con los negocios pueda cambiar el rumbo de la política energética del país. La falta de nuevas exploraciones y descubrimientos significativos desde la década de 1990 plantea un riesgo considerable para la sostenibilidad de la producción de petróleo en Colombia. La urgencia de aumentar la actividad de exploración es evidente, dado que las reservas probadas de petróleo del país son suficientes para solo siete años de producción a los niveles actuales. La situación actual exige una respuesta rápida para evitar que Colombia pierda su estatus como exportador neto de energía.