A pesar de los esfuerzos por estabilizar la economía, el riesgo país de Argentina se mantiene elevado en 532 puntos básicos, sin lograr perforar la barrera simbólica de los 500. Este nivel, que representa la diferencia de rendimiento entre los bonos argentinos y los bonos del Tesoro de EE.UU., indica que el mercado sigue escéptico respecto a la sostenibilidad de las mejoras económicas. Durante el primer trimestre de 2026, Argentina reportó un superávit primario de 0,6% del PIB y el Banco Central acumuló reservas por US$ 6.700 millones, cifras que, aunque positivas, no han sido suficientes para cambiar la percepción de riesgo entre los inversores.

El informe de GMA Capital señala que, si bien los fundamentos económicos han mejorado, estos son considerados por el mercado como condiciones necesarias pero no suficientes. En comparación, el promedio de riesgo país de los mercados emergentes se ha reducido en 13 puntos básicos en lo que va del año, mientras que el de las economías latinoamericanas ha caído 47 puntos básicos. Esto resalta una oportunidad perdida para Argentina, que solo ha visto una reducción de 28 puntos básicos en su riesgo país en el mismo periodo. La falta de credibilidad y la percepción de inestabilidad política son factores que continúan pesando sobre la confianza de los inversores.

La economía argentina presenta un panorama fragmentado, donde sectores como la minería y el agro muestran un crecimiento robusto, con incrementos del 9,9% y 8,4% interanual, respectivamente. Sin embargo, otros sectores clave, como la industria y el comercio, están en contracción, con caídas del 8,7% y 7%. Esta divergencia en el desempeño sectorial no solo refleja una recuperación desigual, sino que también erosiona la percepción de mejora general en la economía. La falta de un crecimiento homogéneo puede generar tensiones sociales y políticas, lo que a su vez afecta la confianza de los inversores a largo plazo.

La incertidumbre política se ha convertido en un factor determinante para los inversores. Con el debate sobre la reforma política y las proyecciones electorales que sugieren un escenario más competitivo para 2027, los inversores prefieren adoptar una postura cautelosa. El Índice de Confianza del Consumidor ha caído un 10,1% interanual, lo que indica un desgaste en el frente social que podría traducirse en una mayor inestabilidad política. La falta de definiciones claras sobre el futuro económico y político del país se convierte en un freno para la inversión, lo que limita la posibilidad de que el riesgo país baje de manera significativa.

Para que Argentina logre atraer capital de largo plazo y reducir su riesgo país, será fundamental que se logren avances en la desinflación, la acumulación de reservas sin tensiones y, sobre todo, una previsibilidad política clara hacia el 2027. A medida que se acerquen las elecciones, los inversores estarán atentos a cualquier señal que pueda alterar el rumbo económico, lo que podría influir en sus decisiones de inversión. En este contexto, la situación actual de Argentina se presenta como un equilibrio frágil, donde la mejora fiscal y la acumulación de reservas no son suficientes para convencer al mercado de que el país está listo para despegar.