- El consumo masivo creció un 1,5% en marzo, superando el 0,8% y 0,6% de enero y febrero.
- Los rubros de alimentos y bebidas impulsan el crecimiento, con alzas del 2,2% y 2,4%, respectivamente.
- Las golosinas destacaron con un incremento del 7,7% en marzo.
- El Índice de Confianza del Consumidor cayó un 5,68% en abril, alcanzando 39,64 puntos.
- La inflación en marzo fue del 3,4%, lo que sigue afectando el consumo.
- El Banco Central acumuló casi US$ 6.700 millones en reservas en lo que va del año.
Después de un febrero complicado, donde la actividad económica mostró una caída interanual del 2,1%, marzo trae consigo algunos signos de mejora. Según NielsenIQ, el consumo masivo en Argentina creció un 1,5% en marzo en comparación con el mismo mes del año anterior. Este repunte es significativo, ya que supera las cifras de enero y febrero, que fueron de 0,8% y 0,6%, respectivamente. Sin embargo, es importante señalar que este crecimiento aún está por debajo del 4,1% registrado en marzo de 2025, lo que sugiere que la recuperación es aún frágil y podría no ser sostenible a largo plazo.
Los datos de NielsenIQ indican que los rubros de alimentos y bebidas son los que más impulsan este crecimiento, con incrementos del 2,2% y 2,4%, respectivamente. Dentro de estos, las golosinas destacan con un notable aumento del 7,7%. Sin embargo, no todos los sectores están en la misma sintonía. El área de Cuidado Personal y Limpieza sigue en declive, con una contracción del 2,3%, lo que refleja una disparidad en el comportamiento del consumo. Este contraste se ve reforzado por un informe de la Cámara Argentina de Comercio, que reporta un retroceso del 1,3% en el consumo en marzo, aunque su metodología abarca una gama más amplia de rubros.
El Índice de Consumo Privado de la Universidad de Palermo también muestra un crecimiento del 0,7% en marzo respecto a febrero, pero una caída del 2,6% en comparación con el mismo mes del año anterior. Este panorama sugiere que, aunque hay indicios de recuperación, el consumo privado en general sigue enfrentando desafíos significativos. Además, el sector de productos durables muestra un desempeño positivo, con un aumento del 54,8% en las ventas de motos y un crecimiento del 1,2% en los patentamientos de autos, lo que podría indicar un cambio en las preferencias de los consumidores hacia bienes duraderos.
A pesar de estos datos alentadores, la economía argentina sigue operando a dos velocidades. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC muestra una caída del 2,1% interanual en febrero, el peor resultado en 17 meses. La Universidad Torcuato Di Tella reporta un descenso en el Índice de Confianza del Consumidor, que se sitúa en 39,64 puntos, lo que implica una disminución del 5,68% respecto al mes anterior y un descenso del 10,12% en comparación con marzo del año pasado. Esto sugiere que, a pesar de algunos signos de mejora en el consumo, la confianza de los consumidores sigue siendo baja, lo que podría afectar el gasto futuro.
La situación económica actual está marcada por una división entre sectores que crecen, como energía y agro, y aquellos que siguen estancados, como la industria y la construcción. Este desequilibrio impacta directamente en el consumo, en un contexto de inflación que ha ido en aumento, alcanzando un 3,4% en marzo. A pesar de las dificultades, el Gobierno destaca la recomposición de las reservas del Banco Central, que ha acumulado casi US$ 6.700 millones en lo que va del año, y un retroceso del 6% en el dólar, lo que podría ofrecer un respiro temporal a la economía.
Mirando hacia el futuro, es crucial observar cómo se desarrollan estos indicadores en los próximos meses. La consultora ACM proyecta un crecimiento del 3,1% para el año, pero advierte sobre la necesidad de que la recuperación se extienda a sectores vinculados al mercado interno. La estabilidad del régimen cambiario y la evolución del tipo de cambio real serán determinantes para el desempeño de la economía. Además, el monitoreo de las tasas de interés y la disponibilidad de crédito será esencial para evaluar la capacidad de los consumidores de recomponer sus ingresos y, por ende, su demanda en el mercado.
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