La situación de la seguridad alimentaria en Colombia ha alcanzado niveles alarmantes, con 5,2 millones de personas afectadas por desnutrición crónica al cierre de 2025. Este problema no solo impacta la salud de los individuos, sino que también tiene profundas implicaciones económicas para el país. Durante un reciente foro sobre nutrición, se destacó que 16,3 millones de colombianos están obligados a implementar estrategias de afrontamiento ante la crisis alimentaria, lo que incluye reducir las porciones de comida y recurrir a préstamos para adquirir alimentos básicos.

La pobreza es un factor determinante en el hambre infantil en Colombia, representando el 28% de los casos de desnutrición. Además, el desempleo y los bajos ingresos contribuyen con un 20,8%. A pesar de que el año pasado se reportó que 800,000 personas salieron de la pobreza multidimensional, la situación alimentaria sigue siendo crítica. En total, 19,2 millones de colombianos no tienen acceso suficiente a alimentos de calidad, lo que limita su capacidad para obtener nutrientes esenciales como carnes y lácteos.

Desde una perspectiva económica, la desnutrición crónica tiene un costo significativo. Se estima que los países de ingresos bajos y medios podrían perder entre el 4% y el 11% de su PIB debido a esta problemática. En Colombia, las pérdidas anuales en ventas por desnutrición alcanzan los 4.200 millones de dólares, lo que se traduce en una reducción del 21,79% en los ingresos individuales y una pérdida mensual de hasta 58 dólares por trabajador. A nivel regional, América Latina enfrenta pérdidas mensuales totales que oscilan entre 3.021 y 5.050 millones de dólares.

La crisis alimentaria no solo afecta a los individuos, sino que también tiene repercusiones en el sector privado. La Asociación de Banco de Alimentos de Colombia (Ábaco) ha resaltado que cada año se pierden aproximadamente 9,76 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale al 34% de la oferta disponible. La mayor parte de estas pérdidas ocurre en las etapas de producción y poscosecha, lo que indica la necesidad de mejorar la eficiencia en la cadena de suministro alimentaria. La situación es crítica, y la desnutrición infantil se ha convertido en una de las deudas más apremiantes del país.

A futuro, es crucial monitorear las políticas públicas y las iniciativas del sector privado para abordar esta crisis. La participación de organizaciones como Ábaco, que alimenta a 1,2 millones de personas diariamente, es fundamental. Sin embargo, se requiere un enfoque más amplio que incluya la reducción de la pobreza y el desempleo para lograr un cambio sostenible en la seguridad alimentaria. Las elecciones presidenciales y las decisiones políticas en Colombia también influirán en la capacidad del país para enfrentar estos desafíos en los próximos años.