La reciente escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha llevado a una drástica caída en la demanda global de petróleo, alcanzando niveles que no se veían desde los peores momentos de la pandemia de COVID-19. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), se proyecta que la demanda disminuirá en 1,5 millones de barriles por día durante el segundo trimestre de 2026 en comparación con el mismo período del año anterior. Este descenso es el más pronunciado desde que las economías del mundo se paralizaron debido a los confinamientos por la pandemia.

En marzo de 2026, el consumo global de petróleo ya había caído en 800 mil barriles por día en comparación con marzo de 2025. Sin embargo, la situación se ha agravado en abril, con la AIE estimando que la caída podría alcanzar los 2,3 millones de barriles por día, lo que representa casi tres veces la reducción de marzo y el peor resultado mensual desde principios de 2021. Este deterioro en la demanda se debe en gran parte al bloqueo del Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más cruciales para el transporte de petróleo, que ha interrumpido el suministro de combustibles y productos petroquímicos a diversas regiones, especialmente Asia y el Medio Oriente.

La AIE prevé que abril será el mes más crítico, pero anticipa una posible recuperación a partir de mayo, siempre y cuando se restablezcan los flujos por el Estrecho de Ormuz. En su escenario base, se espera un aumento gradual de la demanda en el segundo semestre, con un crecimiento de 70 mil barriles por día en el tercer trimestre y 610 mil en el cuarto. Sin embargo, este pronóstico depende de la estabilización del conflicto en la región. Si la situación se prolonga, la caída en la demanda podría extenderse a lo largo de todo el año, alcanzando hasta 5 millones de barriles por día en comparación con el año anterior.

El impacto de esta crisis energética ya se refleja en los indicadores económicos globales. En Estados Unidos, el crecimiento del PIB para el cuarto trimestre de 2025 fue revisado a la baja, con una tasa anualizada de solo 0,7%, menos de la mitad de la estimación anterior del 1,4%. Además, la AIE ha reducido su proyección de crecimiento del PIB mundial para 2026 a un 3%, frente al 3,4% estimado anteriormente. Esta combinación de factores, incluyendo el aumento de precios del petróleo, que actualmente ronda los 130 dólares por barril, y la desaceleración económica, está generando preocupaciones sobre una posible estagflación en las economías avanzadas.

Para los inversores, la situación actual presenta un panorama complejo. La caída en la demanda de petróleo podría llevar a una disminución en los precios de las acciones de las empresas energéticas, así como en los bonos relacionados con este sector. Además, el aumento de la inflación y la incertidumbre económica podrían influir en las decisiones del Banco Central de Argentina y otros bancos centrales, afectando las tasas de interés y la estabilidad del peso argentino. Es crucial monitorear la evolución del conflicto en el Medio Oriente y su impacto en el mercado energético global, especialmente en los próximos meses, cuando se espera que se tomen decisiones clave sobre la política monetaria.

En resumen, la guerra en el Medio Oriente está provocando una caída sin precedentes en la demanda de petróleo, con implicaciones significativas para la economía global y, por ende, para los mercados argentinos. La evolución de la situación en el Estrecho de Ormuz y las decisiones de los bancos centrales serán factores determinantes a seguir en el corto y mediano plazo.