La reciente escalada de tensiones en el Medio Oriente, específicamente entre Estados Unidos, Israel e Irán, ha llevado a un aumento significativo en los precios del petróleo, que alcanzaron los $120 por barril. Esta situación se ha desencadenado por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, una de las rutas más críticas para el transporte de petróleo, que representa aproximadamente el 20% del consumo mundial. Este incremento en los precios del crudo ha comenzado a tener repercusiones en la economía global, elevando los costos y reavivando temores de un nuevo ciclo inflacionario.

Históricamente, los mercados han reaccionado de manera predecible ante choques en el precio del petróleo. Entre 1970 y 1980, el precio del crudo pasó de $4 a $36, lo que representa una valorización superior al 1,000%. Actualmente, el petróleo, que comenzó el año en torno a los $70, ha mostrado un comportamiento similar, alcanzando picos de $120. Sin embargo, la crisis actual es considerada más grave que las de 1973, 1979 y 2022, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), lo que sugiere que los precios podrían seguir aumentando, con proyecciones que alcanzan hasta los $200 por barril.

Matheus Spiess, analista macroeconómico de Empiricus Research, señala que las crisis energéticas no son eventos aislados, sino que marcan cambios estructurales en la economía global. Antes del conflicto actual, ya se observaban movimientos hacia la reorganización de las cadenas de suministro y una presión inflacionaria persistente. La guerra ha acelerado este proceso, creando un entorno más inestable y dependiente de recursos reales. Esto implica que, incluso si el conflicto se resolviera de inmediato, otras tensiones geopolíticas podrían surgir, afectando aún más la estabilidad del mercado.

Para los inversores, esta situación presenta tanto riesgos como oportunidades. Los analistas de Empiricus han recomendado un "inversión obligatoria" en activos relacionados con la economía real, que históricamente se han beneficiado en tiempos de crisis. Entre estos activos, se destacan el oro, la plata y ahora el petróleo, que han comenzado a mostrar un ciclo de valorización. Además, se anticipa que las commodities agrícolas también entrarán en este ciclo, lo que sugiere que es un buen momento para posicionarse en este tipo de inversiones.

En este contexto, los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan los acontecimientos en el Medio Oriente y sus implicaciones para el mercado de commodities. La recomendación de Empiricus de invertir en un producto que agrupa 25 activos del sector de commodities puede ser una estrategia efectiva para capitalizar el potencial de un nuevo "boom" en este sector. Con un rendimiento de más del 40% en los últimos 12 meses, este tipo de inversión podría ofrecer una exposición diversificada y menos compleja a los activos que están en alza.