El Mundial 2026 se perfila como un evento de gran magnitud para México, con la expectativa de recibir aproximadamente 5.5 millones de visitantes en un lapso de 40 días. Este incremento en la afluencia de turistas plantea un desafío significativo para las ciudades anfitrionas, especialmente para la Ciudad de México, que actualmente cuenta con alrededor de 850 hoteles y cerca de 62,000 cuartos disponibles. A pesar de una ocupación promedio del 65.2% entre enero y junio de 2025, la capacidad hotelera no está diseñada para absorber picos extremos de demanda, que podrían requerir más de 100,000 unidades de alojamiento en momentos críticos del torneo.

La situación se complica aún más al considerar que la oferta de alojamiento tradicional no será suficiente para satisfacer la demanda en días específicos. En este sentido, la Ciudad de México enfrenta el reto de encontrar soluciones temporales que eviten la construcción de infraestructura que quedaría subutilizada tras el evento. La experiencia internacional sugiere que, en eventos de gran escala, la demanda se concentra en fechas clave, lo que hace necesario implementar modelos de alojamiento flexible que complementen la oferta hotelera existente.

El alojamiento flexible, que incluye plataformas de renta de corta estancia, se convierte en una herramienta indispensable para gestionar la demanda extraordinaria durante el Mundial. Este tipo de alojamiento no solo ayuda a evitar cuellos de botella, sino que también contribuye a la economía local. En la Ciudad de México, estas plataformas aportan una tasa del 5% del Impuesto sobre Hospedaje (ISH), generando ingresos directos para las finanzas públicas. Además, cerca del 50% de quienes ofrecen este tipo de alojamiento son mujeres, y alrededor del 15% son adultos mayores, lo que representa una oportunidad para que estos grupos generen ingresos complementarios.

El impacto económico del Mundial no se limita a la hotelería. La distribución de visitantes a través de diferentes barrios de la ciudad permite que el gasto se extienda más allá de las zonas turísticas tradicionales. Por cada dólar gastado en alojamiento, se generan casi cuatro dólares adicionales en otros sectores como cafeterías, transporte local y pequeños comercios, lo que beneficia a la economía barrial. Este fenómeno de democratización del turismo es crucial, ya que permite que los beneficios económicos se distribuyan de manera más equitativa entre los habitantes de la ciudad.

A medida que se acerca el Mundial, es fundamental que las ciudades encuentren un equilibrio entre la infraestructura permanente y las soluciones temporales. La experiencia de eventos recientes, como las Olimpiadas de París en 2024, indica que la demanda tiende a normalizarse una vez que concluyen los eventos. Por lo tanto, la clave radica en gestionar el pico de demanda de manera eficiente, maximizando los beneficios económicos y sociales sin comprometer la sostenibilidad a largo plazo de las ciudades anfitrionas.