La reciente caída del dólar mayorista a $1.360, el nivel más bajo desde septiembre de 2025, se debe a una combinación de factores que han impactado la oferta y demanda de divisas en el mercado argentino. Según un análisis de la consultora Mills Capital, la estacionalidad en la liquidación de la cosecha gruesa, una política monetaria contractiva y un respaldo externo han sido determinantes en este fenómeno. En las últimas jornadas, el volumen operado en contado superó los USD 550 millones, reflejando un aumento en la oferta de dólares en el mercado.

El primer factor que ha influido en la baja del tipo de cambio es la estacionalidad. Con el ingreso al trimestre de liquidación de la cosecha gruesa, se ha observado un incremento significativo en la oferta de divisas. Este fenómeno es típico en esta época del año, donde los productores agrícolas liquidan sus exportaciones, lo que genera una mayor disponibilidad de dólares en el mercado. Este aumento en la oferta ha contribuido a presionar a la baja el tipo de cambio, permitiendo que el dólar mayorista se mantenga por debajo de los niveles anteriores.

En segundo lugar, la política monetaria del Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha sido claramente contractiva. En lo que va del año, el BCRA ha acumulado más de USD 5.500 millones en compras de divisas, manteniendo un saldo comprador durante 65 jornadas consecutivas. Este ritmo de acumulación ya supera el 50% de la meta anual de USD 10.000 millones acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La estrategia del BCRA de absorber pesos del mercado ha sido efectiva, ya que la base monetaria crece por debajo de la inflación, lo que implica una contracción real de la liquidez en circulación.

El tercer componente que ha influido en la caída del dólar es el respaldo externo. La reciente declaración del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, apoyando el programa argentino, ha generado un efecto positivo en la confianza de los inversores. Además, la segunda revisión del FMI, que se espera que incluya un desembolso de USD 1.000 millones, también ha contribuido a mejorar las expectativas en el mercado. Estos factores externos han permitido que el mercado se mantenga relativamente estable, a pesar de la presión inflacionaria interna, que se sitúa en torno al 9,4% acumulado en lo que va del año.

Para los inversores, la situación actual presenta tanto oportunidades como riesgos. La caída del dólar podría favorecer a aquellos que operan en pesos, especialmente en el contexto de un carry trade. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el segundo semestre podría cambiar la ecuación, con el fin de la cosecha gruesa y los vencimientos de deuda que se avecinan. La competencia entre el carry trade en pesos y el riesgo de corrección cambiaria se intensificará, lo que podría generar volatilidad en el mercado de divisas.

Mirando hacia el futuro, es crucial monitorear la evolución de la inflación y el comportamiento del riesgo país. El acceso a financiamiento y la dinámica del mercado de futuros también serán indicadores clave a seguir. La próxima revisión del FMI y el posible desembolso de USD 1.000 millones serán eventos a tener en cuenta en las próximas semanas, ya que podrían influir en la confianza del mercado y en la estabilidad del tipo de cambio.