El clima en el mercado de crédito privado en Brasil se ha deteriorado significativamente, alcanzando un nivel de pesimismo sin precedentes en abril, según el último informe de Empiricus Research. Este pesimismo se debe a una serie de eventos adversos que han impactado la confianza de los gestores de fondos, quienes administran un total de R$ 2,46 billones. La combinación de dificultades financieras en grandes empresas como Raízen y Grupo Pão de Açúcar, junto con el aumento de la inflación y las tasas de interés, ha llevado a los gestores a adoptar una postura defensiva.

Entre febrero y marzo, el sector enfrentó lo que se ha descrito como una "tempestad perfecta", donde las reestructuraciones de deuda y el aumento del riesgo global, exacerbado por la guerra en el Medio Oriente, han contribuido a un ambiente de incertidumbre. La percepción de riesgo entre los inversores ha aumentado, lo que ha llevado a muchos gestores a optar por mantener liquidez en lugar de adquirir nuevos títulos. Este cambio en la estrategia ha resultado en un aumento significativo de los spreads en los títulos de renta fija, reflejando la creciente aversión al riesgo.

Los datos muestran que en marzo y abril, el retorno de los fondos de crédito fue negativo, lo que provocó que muchos inversores optaran por rescatar sus inversiones, intensificando aún más la presión sobre los precios de los activos. En este contexto, la industria de crédito tradicional en Brasil experimentó una salida neta de R$ 8 mil millones en marzo, lo que indica que el flujo de capital hacia el sector ha disminuido drásticamente. Las debêntures incentivadas, que suelen ser más atractivas para los inversores, también sufrieron, con rescates que alcanzaron R$ 6,3 mil millones.

Los gestores han identificado varios sectores a evitar en este clima de desconfianza. El sector de consumo, que abarca desde productos esenciales hasta entretenimiento, ha mostrado los niveles más altos de pesimismo. Con tasas de interés elevadas, se espera que las familias reduzcan su gasto, lo que podría afectar gravemente a las empresas de este sector. Además, la agropecuaria y la industria también han sido objeto de evaluaciones negativas, ya que el entorno macroeconómico actual no ofrece una relación atractiva entre riesgo y retorno.

El sector de salud, que enfrenta altos costos operativos, también ha visto deteriorarse su situación. Las operadoras de planes de salud están lidiando con el aumento de costos en tratamientos y tecnologías, lo que ha impactado sus márgenes de ganancia. Sin embargo, el sector de petróleo y gas ha emergido como una excepción, beneficiándose del aumento de precios de los combustibles debido a la guerra, lo que ha mejorado la percepción de riesgo en este segmento. A pesar de esto, los gestores continúan prefiriendo la seguridad de sectores como energía y saneamiento, que ofrecen ingresos más estables y menos vulnerables a la volatilidad económica.

Mirando hacia el futuro, los gestores de fondos están preocupados por la posibilidad de que el escenario macroeconómico empeore antes de mejorar. La necesidad de vender activos para satisfacer los rescates de los inversores puede llevar a una mayor presión sobre los precios, creando un ciclo vicioso que podría prolongar la cautela en el mercado. La recuperación de la confianza podría depender de la estabilización de las condiciones económicas y de la inflación, así como de la evolución de la situación geopolítica en el Medio Oriente, que sigue siendo incierta.