El sector del agronegocio en Brasil enfrenta un aumento significativo en la inadimplencia, lo que ha llevado a instituciones financieras como el Banco do Brasil y la Caixa Econômica Federal a restringir la oferta de crédito en 2026. Esta situación ha impulsado a muchas empresas del sector a buscar financiamiento en el mercado de capitales, donde las tasas suelen ser más altas. Según José Daronco, de Suno Asset, este cambio ha abierto oportunidades para fondos especializados como los Fiagros y los Fondos de Inversión en Derechos Creditórios (FIDCs), que se están beneficiando de la creciente demanda y la escasa oferta de recursos disponibles.

El problema de crédito en el agronegocio no es nuevo; alcanzó su punto crítico a finales de 2024, cuando empresas destacadas como AgroGalaxy y la cooperativa Languiru solicitaron recuperación judicial. Desde entonces, el mercado de Fiagros ha mostrado señales de mejora, gracias a que muchos de estos fondos han implementado estructuras de garantías más sólidas, lo que ha permitido recuperar una parte significativa de las inversiones. Como resultado, las cotas de varios fondos han aumentado en el mercado secundario, y algunos han comenzado a captar más recursos en 2026, lo que refleja un panorama más optimista que el que se presenta en los medios.

El endurecimiento de las condiciones de crédito por parte de los bancos ha llevado a las empresas a buscar alternativas de financiamiento. Daronco menciona que el agronegocio sigue necesitando recursos, y algunas grandes empresas están integrando a productores más pequeños en sus operaciones, como es el caso de Boa Safra Sementes y Três Tentos, que han aumentado su financiamiento a clientes y han extendido los plazos de pago. Este movimiento ha beneficiado a los Fiagros y FIDCs, que están viendo un aumento en la demanda, aunque también enfrentan un aumento en los spreads, lo que podría resultar en dividendos más altos para los inversores.

El contexto actual también está marcado por el impacto de la guerra en Irán, que ha elevado los costos de insumos como el diésel y los fertilizantes. Esto ha llevado a los fondos a exigir garantías más robustas, incluyendo mayores porcentajes de tierras como colateral y la cesión fiduciaria de recibos. Esta tendencia hacia una mayor exigencia en las garantías podría ser positiva para los fondos más sólidos, que pueden estructurar sus inversiones de manera más segura y eficiente. Sin embargo, la percepción de riesgo ha aumentado, y los gestores están siendo más cautelosos al evaluar nuevas oportunidades de financiamiento.

De cara al futuro, el aumento de la inadimplencia en el agronegocio podría reestructurar el mercado, elevando el nivel de exigencia de las estructuras de financiamiento. Los gestores están comenzando a diferenciar más claramente entre las buenas y malas estructuras de crédito, lo que podría llevar a una mayor estabilidad en el sector a largo plazo. Para los inversores, es crucial analizar no solo la rentabilidad superficial de los fondos, sino también la calidad de las garantías y la experiencia de los gestores. A medida que el mercado se adapta a estas nuevas dinámicas, se espera que los fondos con una sólida gestión y estructuras bien diseñadas se mantengan resilientes frente a los desafíos del entorno económico.