- La producción de petróleo en Vaca Muerta alcanzó los 890.000 barriles diarios en 2026.
- El superávit comercial energético fue de 7.829 millones de dólares en 2025, mejorando 12.129 millones respecto al déficit de 2022.
- El gasto en subsidios energéticos se redujo del 1,7% al 0,6% del PIB entre 2015 y 2025, ahorrando más de 3.800 millones de dólares.
- Se proyecta que la producción de petróleo podría superar el millón y medio de barriles diarios para 2030, con 400 pozos anuales.
- La CEPH destaca la necesidad de un marco normativo que incentive inversiones a largo plazo para alcanzar los objetivos de producción.
- La infraestructura de gasoductos y terminales es crucial para garantizar el suministro interno y exportar a mercados como Brasil y Chile.
El sector hidrocarburífero argentino está experimentando un auge sin precedentes, con la producción de petróleo alcanzando los 890.000 barriles diarios en el primer cuatrimestre de 2026. Este crecimiento es impulsado por la cuenca neuquina de Vaca Muerta, que ha visto un aumento constante en la actividad y la producción, superando el récord anterior de 860.000 barriles diarios establecido en 1974. Este repunte no solo marca un hito en la producción nacional, sino que también representa un cambio significativo desde los niveles de 475.000 barriles diarios que se registraron en 2017, cuando el sector enfrentaba una crisis profunda.
La Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos (CEPH) proyecta que la producción de petróleo podría superar el millón y medio de barriles diarios para 2030, lo que requerirá la perforación de aproximadamente 400 pozos anuales. Este crecimiento está respaldado por un superávit comercial energético récord de 7.829 millones de dólares en 2025, lo que indica una mejora neta de 12.129 millones de dólares respecto al déficit de 2022. La capacidad de Vaca Muerta para abastecer la demanda interna de petróleo por más de un siglo y gas natural por dos siglos destaca su importancia estratégica en el contexto energético de Argentina.
El aumento en la producción de hidrocarburos también ha permitido una reducción significativa en el gasto público destinado a subsidios energéticos, que cayó del 1,7% del PIB en la última década al 0,6% en 2025. Esto representa un ahorro fiscal superior a 3.800 millones de dólares, gracias a la sustitución de combustibles importados por gas natural nacional, cuyo costo es más bajo y estable. Este cambio no solo mejora la balanza comercial, sino que también fortalece la posición fiscal del país, lo que podría tener implicaciones positivas para la estabilidad económica a largo plazo.
Sin embargo, para mantener este impulso, es crucial que Argentina continúe atrayendo inversiones en el sector. La CEPH advierte que la competitividad del país dependerá de un marco normativo que incentive la llegada de capitales a largo plazo. La implementación del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) es vista como una herramienta clave para facilitar proyectos de infraestructura críticos, como las terminales de licuefacción y los sistemas de transporte de crudo. Sin estas condiciones, el crecimiento proyectado podría verse limitado, afectando las expectativas de producción y exportación.
A medida que el sector avanza hacia 2035, la necesidad de infraestructura adecuada se vuelve cada vez más urgente. La ampliación de los gasoductos y la construcción de nuevas terminales de almacenamiento son esenciales para garantizar el suministro interno y permitir la exportación de excedentes a mercados como Brasil y Chile. La CEPH enfatiza que la ventana de oportunidad para monetizar los recursos de Vaca Muerta es limitada, y la coordinación entre el sector público y privado será fundamental para alcanzar los objetivos de producción y exportación establecidos.
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