La producción de series y películas en México ha experimentado una caída significativa, con un descenso del 28,2% en la producción de series y un 8,9% en largometrajes en 2025 en comparación con 2022. A pesar de los esfuerzos de plataformas como Netflix y VIX, que lideraron la producción de contenidos en el país, el número total de proyectos no ha sido suficiente para contrarrestar esta tendencia negativa. Según datos del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), se registraron solo 66 series en proceso de producción y estreno en 2025, frente a las 92 de 2022, lo que refleja un panorama preocupante para la industria audiovisual mexicana.

El presidente de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), Mauricio Durán, ha señalado que la falta de incentivos fiscales a nivel federal ha sido un factor determinante en esta caída. A pesar de que el gobierno federal asignó 115 millones de pesos al presupuesto del Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (Eficine), esto no ha sido suficiente para atraer proyectos, y muchos han optado por trasladarse a países como España, donde los incentivos son más atractivos. Esto ha generado una reducción en las fuentes de empleo y en la derrama económica en los estados que tradicionalmente han sido centros de producción.

La reciente política de incentivos fiscales del gobierno mexicano busca revertir esta tendencia, ofreciendo un crédito fiscal que permite deducir hasta el 30% del costo total de una producción cinematográfica o audiovisual realizada en el país. Sin embargo, la implementación de estas políticas es crucial para que México pueda competir con otros mercados que ya ofrecen beneficios más agresivos. Por ejemplo, en España, las producciones internacionales reciben un 30% de reembolso por el primer millón de euros de gasto, lo que hace que el país sea un destino más atractivo para las productoras.

La situación actual plantea un desafío significativo para México, que no solo debe recuperar el ritmo de producción, sino también consolidar un entorno competitivo frente a otros mercados. La creciente demanda global de contenido en español representa una oportunidad, pero capitalizarla dependerá de la rapidez con la que el país logre traducir sus nuevas políticas en proyectos concretos. La falta de confianza de las plataformas internacionales en el entorno de producción mexicano podría seguir siendo un obstáculo si no se implementan cambios efectivos y rápidos.

A medida que se avanza en 2026, será fundamental monitorear cómo se desarrollan estas políticas y si logran atraer más proyectos al país. La capacidad de México para posicionarse como un hub de producción audiovisual dependerá de su habilidad para ofrecer incentivos competitivos y un marco regulatorio claro que atraiga tanto a productores nacionales como internacionales. La evolución de la producción en el primer semestre de 2026 será un indicador clave para evaluar el impacto de estas iniciativas en el sector audiovisual del país.