- El superávit primario se proyecta en 1,4% del PIB, inferior al 2,2% anterior.
- La inflación de marzo fue del 3,4%, la más alta en un año.
- Se espera un aumento de reservas internacionales de US$ 8.000 millones para 2026.
- El Gobierno busca un control del gasto más riguroso debido a la caída de la recaudación.
- El riesgo país se mantiene por encima de los 500 puntos, complicando el acceso a financiamiento externo.
El Gobierno argentino ha alcanzado un acuerdo técnico con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que permitirá un desembolso de US$ 1.000 millones. Este acuerdo, que aún debe ser aprobado por el directorio del FMI, incluye proyecciones de un menor superávit primario, un aumento de las reservas y una estrategia para 'vivir con lo nuestro' en el corto plazo. La inflación en marzo alcanzó el 3,4%, la más alta en un año, lo que ha llevado al FMI a ajustar sus expectativas de crecimiento a un 3,5% y a una inflación anual promedio del 30,4%. El programa busca equilibrar la desinflación, la estabilidad externa y el crecimiento económico.
En el ámbito fiscal, el superávit primario se proyecta en un 1,4% del PIB para este año, una disminución respecto al 2,2% estimado en la revisión anterior. Este ajuste se debe a la caída de la recaudación en los últimos ocho meses, lo que ha llevado al Gobierno a implementar un control del gasto más riguroso. Luis Caputo, el nuevo ministro de Economía, ha solicitado a los ministerios que reduzcan sus gastos, lo que ha generado tensiones con diversos sectores, incluyendo el transporte público y las provincias. A pesar de las dificultades, el Gobierno sigue comprometido con mantener un saldo positivo en las cuentas fiscales.
El FMI también ha enfatizado la necesidad de fortalecer la política monetaria mediante 'medidas preventivas' para controlar la volatilidad de las tasas de interés. Se espera que estas medidas sean suficientemente estrictas para apoyar la desinflación, aunque el Banco Central ha comenzado a relajar su política monetaria debido a la caída de la actividad económica y el deterioro de la cartera de los bancos. La reducción de tasas por debajo de la inflación y la flexibilización de los encajes bancarios desde abril son ejemplos de este enfoque. Gabriel Caamaño, director de Outlier, ha señalado que la falta de un régimen monetario claro y de comunicación puede complicar aún más la situación.
En cuanto a las reservas internacionales, se proyecta un aumento de al menos US$ 8.000 millones para 2026, impulsado por financiamiento en dólares y compras de divisas. El Banco Central ha acumulado cerca de US$ 4.000 millones en lo que va del año, pero enfrenta importantes pagos de deuda. Caputo ha solicitado una flexibilización de la meta de reservas, buscando que su cumplimiento sea anual en lugar de semestral, tras un desvío significativo en la acumulación de reservas. Este cambio podría aliviar la presión sobre el Banco Central y permitir una mejor gestión de las reservas.
Con un riesgo país superior a los 500 puntos, el FMI ha respaldado la estrategia de deuda del Gobierno, que incluye la emisión de bonos en dólares en el mercado local y la búsqueda de financiamiento externo. Esta estrategia tiene como objetivo facilitar un acceso sostenible a los mercados internacionales de capitales en el futuro. Sin embargo, los analistas advierten que, en el corto plazo, el financiamiento dependerá menos de Wall Street y más de las condiciones internas del país. La emisión de bonos en 'cuotas' ha mostrado limitaciones, lo que podría complicar el acceso a financiamiento externo en el futuro cercano. Los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan estas estrategias y a los próximos informes del FMI sobre la situación económica argentina.
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