En las últimas semanas, las tasas de interés en pesos han caído significativamente, ubicándose por debajo de la inflación, lo que marca un cambio notable en la política monetaria del Gobierno de Javier Milei. Este movimiento busca estimular el crédito en un contexto de creciente morosidad, que ha alcanzado niveles récord, y una actividad económica que sigue débil, especialmente en los sectores que dependen del mercado interno.

La caída de las tasas se ha acelerado tras un periodo de alta volatilidad antes de las elecciones legislativas de medio término de octubre de 2025. Las tasas de operaciones de rueda simultánea, un indicador clave, han bajado a niveles entre el 18% y el 20% nominal anual, contrastando con el 32,9% registrado en enero. Este descenso no solo refleja una normalización, sino un cambio en las condiciones financieras que podría tener un impacto duradero en el sistema crediticio.

La dinámica monetaria también ha cambiado, con el Banco Central comprando dólares y emitiendo pesos, lo que ha incrementado la liquidez en el sistema. Aunque la absorción de liquidez ha continuado, se ha moderado, lo que ha permitido que los pesos fluyan más libremente, presionando a la baja las tasas de interés. Esto ha llevado a un sistema financiero más selectivo, donde los bancos son más cautelosos al otorgar créditos, especialmente en un entorno de morosidad creciente.

A pesar de la caída de las tasas, la inflación se ha mantenido en torno al 3% mensual, lo que genera un escenario complejo para los inversores. La combinación de tasas reales negativas y un sistema financiero que aún enfrenta desafíos significativos podría influir en las decisiones de inversión, tanto en Argentina como en la región, especialmente en un contexto donde Brasil y otros países de LATAM también están ajustando sus políticas monetarias.