- La inflación mayorista cayó a 0,97% en febrero, el nivel más bajo en nueve meses.
- El IPC al consumidor se mantuvo en 2,9%, lejos del '0 adelante' que celebra el oficialismo.
- La baja en la inflación mayorista se debe a la caída de precios en bienes transables e importados.
- Los márgenes del sector minorista están en proceso de recomposición, ralentizando la transmisión de precios.
- El gobierno enfrenta un desafío para mostrar resultados concretos en un contexto de consumo débil.
La reciente publicación del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) revela que la inflación mayorista en Argentina se ubicó en 0,97% durante febrero, un dato que, aunque simbólicamente positivo para el gobierno, no se traduce automáticamente en una mejora para los consumidores. Este registro representa una desaceleración notable y es el más bajo en los últimos nueve meses, lo que permite al oficialismo comunicar un mensaje de reducción de la inflación. Sin embargo, la inflación al consumidor, medida por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), se mantuvo en un 2,9%, lo que indica que los precios en las góndolas aún no reflejan esta tendencia favorable en el ámbito mayorista.
La baja en la inflación mayorista se atribuye a una combinación de factores, incluyendo una disminución en los precios de bienes transables y una caída en los precios de importados. En particular, los productos importados experimentaron una caída del 2,7% mensual, lo que ayudó a reducir la presión sobre el índice general. A su vez, los productos manufacturados nacionales aumentaron solo un 0,9% mensual, con casos de deflación en sectores como vehículos automotores y maquinarias, mientras que los productos primarios vieron un incremento más significativo del 2,6% mensual.
A pesar de estos avances en el sector mayorista, los economistas advierten que la inflación minorista sigue mostrando resistencia. La diferencia entre la inflación mayorista y la minorista sugiere que los márgenes del sector minorista están en proceso de recomposición, lo que podría estar ralentizando la transmisión de la desaceleración de precios al consumidor final. Esto es crucial para entender por qué los beneficios de la baja en la inflación mayorista no se reflejan de inmediato en el costo de vida de los argentinos.
En este contexto, el gobierno de Milei y Caputo se encuentra en una posición delicada, ya que aunque pueden presentar un dato positivo, la realidad económica de los consumidores sigue siendo complicada. La consultora LCG proyecta que, a pesar de la estabilidad cambiaria, los ajustes en tarifas y combustibles seguirán ejerciendo presión sobre la inflación en el corto plazo, lo que podría mantener el IPC por encima del 2% en los próximos meses.
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