El AmCham Summit 2026, uno de los eventos empresariales más relevantes del año, ha puesto de manifiesto la disparidad entre el sector energético y el industrial en Argentina. Mientras las petroleras proyectan inversiones que superan los 80.000 millones de dólares, el sector industrial enfrenta un estancamiento que se refleja en la capacidad instalada por debajo de su potencial. Este contraste entre un sector en auge y otro en dificultades resalta la necesidad de un enfoque más equilibrado en las políticas económicas del país.

El sector energético, liderado por empresas como Pan American Energy, ha mostrado un optimismo palpable, destacando el potencial de Vaca Muerta como motor exportador. Durante el evento, se mencionó que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) está diseñado para facilitar la llegada de capitales y mejorar la infraestructura necesaria para el desarrollo de proyectos energéticos. Esto es crucial, ya que, según los ejecutivos del sector, el verdadero potencial exportador de Argentina radica en el gas licuado, lo que podría transformar la balanza comercial del país en los próximos años.

Por otro lado, el sector industrial se encuentra en una situación más precaria. A pesar de la reciente baja de tasas de interés, que ha llevado la Tasa de Actualización de Mínimos a 22,3%, las empresas industriales aún se sienten estancadas y a la espera de un entorno más favorable. La necesidad de reactivar el crédito se ha convertido en un clamor entre los empresarios, quienes advierten que sin un acceso adecuado a financiamiento, el crecimiento será difícil de alcanzar. Este estancamiento se refleja en el EMAE del cierre de 2025, donde las ramas más vinculadas al mercado interno no han logrado recuperar su capacidad instalada.

Mariana Schoua, CEO de Amcham Argentina, enfatizó que Argentina se encuentra en un momento bisagra, donde es crucial avanzar hacia un desarrollo sostenible. A pesar de algunos avances en la propiedad intelectual y la modernización del sistema laboral, aún quedan reformas estructurales por implementar. La reforma fiscal es una de las más urgentes, ya que una simplificación del sistema podría reducir las distorsiones que afectan la actividad económica. Sin reglas claras, la inversión seguirá siendo escasa, lo que limitará el crecimiento a largo plazo.

Mirando hacia el futuro, el sector energético parece estar en una mejor posición para atraer inversiones, mientras que el industrial deberá esperar un entorno más favorable para reactivarse. La estabilidad macroeconómica es fundamental, pero no suficiente. La previsibilidad en las reglas del juego es clave para consolidar un esquema productivo que permita escalar el crecimiento. Los próximos meses serán cruciales para observar si se implementan las reformas necesarias y si el sector industrial logra salir del estancamiento que lo ha caracterizado en los últimos años.