- Dos fondas en Mérida enfrentaron la misma inundación, pero una cerró tres meses y la otra reabrió en dos semanas, evidenciando la importancia de la preparación previa.
- El 40% de las instituciones de microfinanzas en Pakistán respondieron a choques climáticos reduciendo o suspendiendo el crédito, agravando las dificultades de sus clientes.
- Uno de cada tres adultos en países de bajos ingresos ha sido afectado por un choque climático en los últimos tres años, con más de dos tercios reportando pérdidas de ingresos o activos.
- Las intervenciones financieras específicas para pymes resilientes han mostrado tasas de pago de entre 95% y 99% en doce países, superando niveles previos a desastres.
- Desarrollar un índice de resiliencia para pymes podría mejorar la evaluación de su capacidad de recuperación frente a disrupciones climáticas.
- Invertir en empresas con estrategias de adaptación y resiliencia puede ofrecer retornos más altos y mitigar riesgos en un entorno incierto.
La reciente experiencia de Mérida, Yucatán, durante la temporada de huracanes de 2020, ilustra de manera contundente cómo la resiliencia de las pequeñas y medianas empresas (pymes) puede marcar la diferencia en momentos de crisis. Dos fondas ubicadas en la misma calle enfrentaron la misma inundación, pero sus destinos fueron radicalmente distintos. Una de ellas cerró durante tres meses, mientras que la otra logró reabrir en solo dos semanas. Esta disparidad no se debió a la suerte, sino a la preparación previa de cada negocio, que incluyó un colchón de ahorros y redes de apoyo que les permitieron recuperarse más rápidamente.
El sistema financiero actual tiende a tratar a las pymes como una categoría uniforme de riesgo, sin considerar las diferencias en su capacidad de recuperación. En el contexto de un mundo donde los choques climáticos se vuelven cada vez más frecuentes, esta asimetría en la preparación se convierte en un factor crítico. Según datos recientes, uno de cada tres adultos en países de bajos ingresos ha sido afectado por un choque climático en los últimos tres años, y más de dos tercios de ellos han perdido ingresos o activos. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje del financiamiento climático global se destina a la adaptación, lo que resalta la necesidad de un cambio en la forma en que se evalúa y apoya a las pymes.
La evidencia sugiere que las intervenciones financieras diseñadas específicamente para negocios con capacidad real de recuperación pueden ser altamente efectivas. En doce países, estas iniciativas han mostrado tasas de pago de entre 95% y 99%, superando incluso los niveles previos a los desastres. Esto indica que, al ajustar las intervenciones a la capacidad real de cada pyme, se pueden lograr resultados mucho más positivos. Por lo tanto, es fundamental desarrollar un índice de resiliencia que evalúe la preparación de las pequeñas empresas frente a disrupciones climáticas, considerando factores como la exposición al riesgo y la capacidad de respaldo financiero.
Para los inversores, entender la resiliencia de las pymes puede ofrecer una ventaja competitiva. Las empresas que están mejor preparadas para enfrentar desastres climáticos no solo son más propensas a sobrevivir, sino que también pueden generar retornos más altos a largo plazo. Invertir en empresas que cuentan con estrategias de adaptación y resiliencia puede ser una forma efectiva de mitigar riesgos y aprovechar oportunidades en un entorno cada vez más incierto. Esto es especialmente relevante en el contexto argentino, donde las pymes representan una parte significativa de la economía y su capacidad de recuperación puede influir en la estabilidad económica general.
A medida que los choques climáticos continúan afectando a las comunidades, es crucial que tanto los gobiernos como las instituciones financieras reconozcan la importancia de apoyar a las pymes de manera más efectiva. Esto implica no solo proporcionar financiamiento, sino también desarrollar programas que fomenten la resiliencia y la adaptación. En los próximos meses, será importante monitorear cómo se implementan estas estrategias y si se logran avances en la creación de índices de resiliencia que puedan guiar las decisiones de inversión y apoyo a las pequeñas empresas en la región.
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