La inflación global ha dejado de ser un fenómeno temporal y se ha convertido en una nueva normalidad estructural. Según Beto Saadia, director de inversiones de Nomos, tanto en Estados Unidos como en Brasil, la combinación de inversiones masivas en inteligencia artificial y una presión fiscal persistente bloquea cualquier posibilidad de alivio monetario significativo. Los índices de precios al consumidor, como el IPCA-15 en Brasil y el PCI en EE.UU., reflejan presiones inflacionarias que no ceden, incluso con tasas de interés restrictivas.

La situación actual recuerda a la década de 1990, cuando el Federal Reserve, bajo la dirección de Alan Greenspan, mantuvo tasas de interés elevadas en medio de un auge tecnológico y un consumo robusto. En la actualidad, el gasto en inteligencia artificial (IA) por parte de las grandes tecnológicas está reemplazando la euforia de las puntocom, mientras que los estímulos gubernamentales han sustituido al crédito fácil. Saadia compara el dilema actual del Fed, ahora liderado por Kevin Wash, con el de Greenspan, quien se mostró reacio a reducir las tasas debido a la fuerte demanda impulsada por el consumo y la inversión tecnológica.

En Brasil, la presión inflacionaria sigue una lógica similar. El contexto electoral ha amplificado los estímulos a la demanda, mientras que la cuestión fiscal permanece sin solución estructural. Esto crea un entorno en el que el Banco Central de Brasil no puede relajar su política monetaria sin correr el riesgo de desanclar las expectativas inflacionarias. A diferencia de los EE.UU., donde la presión fiscal proviene de inversiones en tecnología, en Brasil se debe a un aumento en los gastos corrientes y a una ingeniería presupuestaria que pospone ajustes necesarios.

Saadia también ofrece una perspectiva provocativa sobre el mercado tecnológico, sugiriendo que las grandes tecnológicas están en una “burbuja inversa”, donde los fundamentos económicos superan las valoraciones actuales. A diferencia de la burbuja de las puntocom, estas empresas cuentan con flujos de caja sólidos y expectativas de retorno real. Sin embargo, la presión inflacionaria generada por el ciclo de inversión en IA es real y duradera, lo que sugiere que el entorno de tasas altas se prolongará.

A nivel global, la situación fiscal en EE.UU. y Brasil sugiere que la salida más probable será a través de la inflación, en lugar de ajustes fiscales. Los gobiernos con altos niveles de endeudamiento y escasa capacidad política para recortar gastos tienden a optar por la desvalorización real de la deuda. Por lo tanto, el problema no radica en el precio, sino en la previsibilidad de la inflación. En este contexto, es probable que los mercados sigan ajustando sus expectativas de tasas de interés, lo que podría llevar a una reevaluación de las carteras de inversión en un entorno de tasas restrictivas por más tiempo del que muchos anticipan.