En los últimos 15 años, Perú ha logrado incrementar su red ferroviaria en apenas 95 kilómetros, un avance que refleja un estancamiento preocupante en la infraestructura de transporte del país. Según Álvaro Cubas, economista del Consejo Privado de Competitividad (CPC), el crecimiento de las vías férreas ha sido marginal, con un aumento de solo 60 kilómetros entre 2014 y 2020. A pesar de que la red ferroviaria alcanzó los 2,002 kilómetros en 2020, la falta de inversión y mantenimiento ha dejado gran parte de esta infraestructura en condiciones riesgosas, lo que limita su capacidad operativa tanto para el transporte de pasajeros como de carga.

El diagnóstico del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) indica que solo el 12% de los 1,874 kilómetros de vías interurbanas en funcionamiento están en condiciones adecuadas. Esta situación contrasta notablemente con el crecimiento de la infraestructura vial, que pasó de 84,000 kilómetros en 2010 a 177,000 kilómetros en 2025. Este cambio de enfoque hacia las carreteras ha llevado a que el ferrocarril, una opción más económica y eficiente para el transporte de grandes volúmenes de carga, quede relegado.

Los costos de construcción de la infraestructura ferroviaria son significativamente más altos que los de las carreteras pavimentadas, con un rango de entre 8 y 12 millones de dólares por kilómetro, en comparación con los 585,000 dólares por kilómetro de carretera. Esta diferencia de costos puede ser un factor que desincentive la inversión en el sector ferroviario. Sin embargo, expertos como Christopher Weisz de Boston Consulting Group (BCG) argumentan que mejorar la red ferroviaria podría reducir los costos de transporte y, por ende, aumentar la competitividad de sectores clave como la minería y la agricultura.

El impacto de una red ferroviaria más robusta podría ser significativo. Se estima que un incremento del 5% en el stock ferroviario podría traducirse en un crecimiento del 0.6% del PIB a largo plazo. Esto resalta la importancia de la inversión en infraestructura ferroviaria no solo para mejorar la logística interna, sino también para potenciar la economía en su conjunto. Sin embargo, la falta de un compromiso claro por parte de las autoridades para revisar y priorizar el Plan Nacional de Infraestructura genera incertidumbre sobre el futuro de estas inversiones.

A medida que se acercan las elecciones, es crucial que los candidatos se comprometan con un plan de infraestructura que no solo contemple la expansión de las vías férreas, sino que también garantice su mantenimiento y conectividad con otras infraestructuras. La coordinación entre diferentes componentes de la cadena logística será esencial para maximizar los beneficios de las inversiones en ferrocarriles. La minería, en particular, podría beneficiarse enormemente de una red ferroviaria más eficiente, lo que podría tener un efecto positivo en el mercado laboral al facilitar la movilidad de trabajadores entre distintas regiones del país.