Argentina ha experimentado un crecimiento en su macroeconomía, con indicadores como el equilibrio fiscal, la mejora del riesgo país y el descenso de la inflación. Sin embargo, este crecimiento no se ha traducido en mejoras en el sector salud, donde se ha registrado un preocupante aumento en las tasas de mortalidad infantil y materna. En 2024, la tasa de mortalidad infantil subió a 8,5 por 1.000 nacidos vivos, rompiendo una tendencia de disminución que se había mantenido desde el año 2000. Este aumento se asocia directamente con la reducción de recursos y la falta de atención del gobierno nacional hacia el sistema de salud, lo que ha llevado a un deterioro en la atención médica y el acceso a insumos básicos.

Desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023, el Ministerio de Salud ha visto recortados sus presupuestos y funciones, lo que ha generado una sobrecarga en las provincias que deben asumir la responsabilidad de la atención sanitaria. Este desentendimiento del gobierno nacional ha llevado a una disminución en la provisión de insumos y a una falta de capacitación del personal médico, lo que ha afectado gravemente a la población, especialmente a los sectores más vulnerables. La mortalidad materna también ha aumentado en 2024, después de años de disminución, lo que indica un deterioro en la atención prenatal y postnatal.

La situación se agrava con el aumento de enfermedades prevenibles, como la sífilis, que ha visto un incremento sin que se implementen medidas adecuadas de prevención. La falta de campañas de promoción del uso de preservativos y la disminución en la cobertura de vacunación han contribuido a la reaparición de enfermedades que se creían erradicadas, como el sarampión. La Sociedad Argentina de Pediatría ha denunciado un aumento en las muertes infantiles por enfermedades que podrían evitarse, lo que pone de manifiesto la crisis en el sector salud.

La disociación entre el crecimiento económico y el deterioro de la salud pública plantea serias preguntas sobre la dirección que está tomando el país. A medida que la economía muestra signos de recuperación, la realidad de la salud pública se torna más crítica, especialmente para las mujeres y los niños de sectores empobrecidos. La falta de políticas públicas que equilibren el crecimiento económico con la mejora en la salud puede llevar a una mayor desigualdad y a un aumento en la fragmentación social. Esto es preocupante, ya que el bienestar de la población es fundamental para un desarrollo sostenible y equitativo.

A futuro, es crucial que el gobierno nacional reevalúe su enfoque hacia la salud pública y considere la implementación de políticas que prioricen el bienestar de la población. La recuperación económica no será suficiente si no se acompaña de un compromiso serio con la salud de los ciudadanos. Los próximos datos sobre mortalidad materna e infantil en 2025 serán fundamentales para entender la magnitud de la crisis y la efectividad de las políticas implementadas. Los inversores deben estar atentos a cómo estas dinámicas pueden influir en la estabilidad social y económica del país, ya que una población saludable es esencial para el crecimiento sostenible.