El Sueldo Anual Complementario (SAC), conocido como aguinaldo, se cobra hasta fines de junio y representa un ingreso significativo para los trabajadores argentinos, equivalente a la mitad de su mejor remuneración del semestre. En un contexto donde el tipo de cambio ha mostrado una estabilidad notable, muchos argentinos se preguntan si es mejor refugiar este ingreso en dólares o en pesos. La tendencia actual sugiere que, con la calma en el mercado cambiario, dolarizar el aguinaldo podría ser la estrategia más efectiva para preservar el poder adquisitivo.

Jerónimo Bardin, head sales trader en Balanz, señala que el tipo de cambio ha mantenido una relativa estabilidad durante casi nueve meses. Este fenómeno se debe a la liquidación de exportaciones del campo y a la producción de Vaca Muerta, que ha generado un flujo importante de divisas. Estos factores han contribuido a reducir las presiones cambiarias estacionales, fortaleciendo la oferta de dólares en la economía. Por lo tanto, en este entorno, la urgencia de buscar cobertura cambiaria se ha reducido, aunque la necesidad de preservar el valor del ahorro sigue siendo crucial.

Damián Vlassich, de IOL, advierte sobre la escasez de oportunidades atractivas en instrumentos en pesos, que no ofrecen rendimientos competitivos frente a la posibilidad de una devaluación futura. En este sentido, sugiere que los inversores consideren una estrategia de inversión mayormente en moneda extranjera, limitando la tenencia de pesos a operaciones de bajo riesgo. La estabilidad cambiaria reciente, impulsada por el buen desempeño de las exportaciones y el flujo financiero, podría ayudar a contener la volatilidad del dólar en la segunda mitad del año.

Sergio González, CFA de Cohen Aliados Financieros, también respalda la idea de canalizar los pesos hacia instrumentos dolarizados. Actualmente, el tipo de cambio ronda los $1455 por dólar, lo que hace atractiva la inversión en activos que preserven valor y generen rendimientos en moneda dura. Para quienes buscan liquidez y bajo nivel de volatilidad, se recomiendan los Fondos Comunes de Inversión (FCI) de corto plazo, que ofrecen disponibilidad inmediata y rendimientos competitivos.

Para los inversores dispuestos a asumir un poco más de riesgo, las obligaciones negociables (ON) son una opción viable. Bonos corporativos del sector energético, como los de Vista o Pampa Energía, ofrecen tasas de interés anuales cercanas al 7% u 8%. Además, se destacan las ON de YPF, que actualmente ofrece una TIR del 3,9% y vence en julio de 2027, así como el bono soberano AO27, que rinde un 4,3% y paga cupones mensuales equivalentes al 0,5% del capital. En este contexto, los Cedears también se presentan como una alternativa interesante, ya que permiten capturar la evolución de activos globales y del tipo de cambio financiero.

A medida que se avanza hacia la segunda mitad del año, los inversores deben estar atentos a la balanza energética y la oferta financiera, que podrían influir en la volatilidad del dólar. La mejora en los términos de intercambio y el remanente a liquidar de colocaciones son factores que podrían ayudar a estabilizar el mercado cambiario. Con las elecciones presidenciales a la vista, la estrategia de inversión debe ser cuidadosamente evaluada para maximizar el rendimiento del aguinaldo y proteger el poder adquisitivo en un entorno que, aunque estable, sigue siendo incierto.