En mayo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Argentina registró un aumento del 2,1%, marcando el segundo mes consecutivo de desaceleración. Este dato ha generado un optimismo cauteloso entre los economistas, quienes advierten que, aunque la inflación podría perforar el 2% en junio, existen dudas sobre la capacidad del país para mantener esta tendencia a la baja en el futuro. La disminución en la inflación se atribuye principalmente a la estabilidad en los precios de las carnes y a los precios regulados, como las tarifas de servicios públicos y combustibles, que habían presionado al alza en meses anteriores.

El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el dato en redes sociales, señalando que la media móvil de tres meses de la inflación ha disminuido. Sin embargo, los analistas de la consultora LCG destacan que la menor presión de los precios regulados fue el mayor aporte a la desaceleración, con un descenso significativo en las tarifas de electricidad y gas, así como en los combustibles. Este último, que había experimentado un aumento del 11,2% en abril, se redujo a un 1,7% en mayo, lo que sugiere que los efectos de la guerra en Medio Oriente sobre el suministro global de petróleo están comenzando a disiparse.

A pesar de la aparente mejora, los economistas advierten que el sostenimiento de un proceso desinflacionario podría generar un deterioro en la macroeconomía. La consultora C-P sostiene que, sin nuevos shocks, las anclas cambiaria y salarial han impactado significativamente en la dinámica de precios. El tipo de cambio, que se redujo un 1,1% en abril y subió apenas un 1,1% en mayo, se mantiene por debajo de los aumentos generales en bienes, lo que podría ser un indicio de que el gobierno está intentando controlar la inflación a expensas de ciertos sectores industriales.

La situación de los salarios también es preocupante. Aunque el salario medio de los trabajadores asalariados en el sector privado creció un 1,3% en términos reales en abril, los ingresos reales de la población argentina están en un bajo nivel histórico, casi un 7% por debajo de los valores de 2017. Los empresarios de sectores industriales han expresado que una depreciación del peso del 20% al 25% les permitiría competir mejor en el mercado local, lo que pone de manifiesto la tensión entre mantener la estabilidad cambiaria y fomentar el crecimiento económico.

De cara a junio, las proyecciones de C-P estiman una inflación del 1,9%, lo que extendería la tendencia de desaceleración. Sin embargo, el principal desafío del gobierno será perforar el piso del 2% de manera sostenida, en un contexto donde casi el 60% de los precios se mueve por encima de este umbral. La capacidad del oficialismo para extender estas bajas sin un nuevo repunte, como el que se observó en 2025, será crucial para la economía argentina en los próximos meses.