La demanda de carbón térmico en la región de Asia-Pacífico (APAC) está proyectada a aumentar en 70 millones de toneladas para 2026, impulsada por un déficit significativo en el suministro de gas natural licuado (GNL). Este aumento es parte de un incremento total de 150 millones de toneladas de consumo acumulado que se espera hasta 2030. La crisis en el Medio Oriente ha afectado gravemente la infraestructura energética en el Golfo, lo que ha llevado a un aumento en los costos de energía y ha puesto la seguridad energética en el centro de la agenda global.

El conflicto en el Medio Oriente ha causado daños que se estiman en miles de millones de dólares, lo que ha resultado en la interrupción de suministros de GNL, especialmente desde la instalación de Ras Laffan en Qatar, que ha declarado fuerza mayor. Esto ha eliminado cerca de 10.2 millones de toneladas por año de suministro de GNL a Asia, lo que ha llevado a un endurecimiento de los mercados regionales de gas y ha elevado el precio del marcador de Japón y Corea (JKM) a niveles cercanos a máximos de tres años. Este escenario ha creado un vacío de suministro de aproximadamente 35 millones de toneladas por año que no puede ser fácilmente reemplazado, lo que obliga a las utilidades dependientes del gas a aumentar la utilización de su capacidad de carbón existente.

A medida que la producción de gas disminuye, la generación de energía a base de carbón ha aumentado significativamente en países como Japón y Corea del Sur. En Japón, la generación de energía a carbón creció un 11% mientras que la producción de gas cayó un 13%. Las importaciones de carbón en Corea del Sur y Japón están más de un 50% y un 20% por encima de los niveles del año pasado, respectivamente. Este cambio no es un regreso al carbón por elección, sino una necesidad impulsada por la falta de opciones viables en el suministro de gas.

Desde el punto de vista de los inversores, este aumento en la demanda de carbón podría tener implicaciones significativas en los precios de las materias primas. Se espera que el carbón de Newcastle, el referente global para el carbón térmico, promedie alrededor de 125 dólares por tonelada en 2026, antes de bajar a 115 dólares en 2027. Este aumento en los precios del carbón puede beneficiar a los productores de carbón, pero también plantea riesgos para los consumidores y las economías que dependen del gas natural. La falta de inversión en nuevos proyectos mineros sugiere que los productores consideran que la situación actual es cíclica y no estructural, lo que podría limitar la capacidad de respuesta a largo plazo a la creciente demanda.

De cara al futuro, es crucial observar cómo se desarrollan los eventos en el Medio Oriente y su impacto en los mercados de energía. Si las hostilidades se reanudan, la demanda de carbón podría aumentar aún más, alcanzando hasta 90 millones de toneladas adicionales en 2026. Las decisiones de inversión de los grandes productores de carbón serán un indicador clave para entender la dirección del mercado. La capacidad de almacenamiento, la flexibilidad de la red y la disponibilidad de energía de bajo carbono serán factores determinantes en la capacidad de la región para satisfacer la demanda pico y manejar períodos de baja producción de energía renovable.