En los últimos meses, Silicon Valley ha visto un cambio significativo en la estrategia de inversión de capital de riesgo (VC). En lugar de simplemente vender herramientas de inteligencia artificial (IA) a las empresas, los fondos de capital de riesgo están optando por adquirir empresas tradicionales y reestructurarlas para integrar la IA en su funcionamiento interno. Este enfoque, conocido como 'AI rollup', ha llevado a importantes transacciones en el mercado público, como la compra de Janus Henderson por General Catalyst y Trian por 7.600 millones de dólares y el acuerdo de Long Lake Management para adquirir American Express Global Business Travel por 6.300 millones de dólares, con una prima del 65%.

La estrategia de 'AI rollup' se basa en el concepto de 'servicio como software', que busca replicar el éxito del modelo de software como servicio (SaaS) en el ámbito de los servicios. Este enfoque ha permitido a las empresas de software obtener altos márgenes de beneficio al no requerir un aumento proporcional de costos para escalar. En este contexto, los fondos de capital de riesgo han comenzado a aplicar esta lógica a empresas en sectores donde la adopción de software ha sido más lenta, como la salud, contabilidad, seguros y gestión de propiedades.

A diferencia del capital privado tradicional, que se centra en la ingeniería financiera y en la maximización de márgenes, el modelo de 'AI rollup' se enfoca en el crecimiento. La idea es que la IA puede escalar equipos de atención al cliente y que el capital reinvertido puede financiar más adquisiciones. Long Lake, por ejemplo, ha adquirido más de 30 empresas en sectores como la gestión de asociaciones de propietarios y la construcción, utilizando su plataforma de IA llamada Nexus, que está diseñada para adaptarse a los flujos de trabajo específicos de cada industria.

Sin embargo, este nuevo enfoque no está exento de riesgos. Históricamente, las empresas operativas han generado rendimientos de entre el 100% y el 200% a lo largo de un período prolongado, muy por debajo de las promesas de rendimientos de 10x que suelen hacer los fondos de capital de riesgo. Esto podría llevar a que fondos de pensiones y dotaciones que invirtieron en capital de riesgo terminen obteniendo rendimientos más cercanos a los del capital privado. Además, la ejecución de estas estrategias es compleja, ya que las firmas de capital de riesgo suelen carecer de la experiencia operativa que poseen los fondos de capital privado.

Mirando hacia el futuro, el ciclo de adquisiciones privadas ya ha comenzado, pero se está moviendo hacia empresas no tecnológicas más convencionales. Esto podría abrir nuevas oportunidades para los inversores que estén atentos a cómo se desarrollan estas transacciones y cómo las empresas tradicionales se adaptan a la era de la IA. Con el aumento de la presión competitiva en el mercado, será crucial observar cómo estas estrategias impactan en la rentabilidad y el crecimiento de las empresas adquiridas en los próximos años.