Un análisis reciente revela que la mayoría de los nuevos datacenters destinados a la inteligencia artificial (IA) en Estados Unidos se construirán en regiones afectadas por sequías. De los 809 datacenters planeados, aproximadamente dos tercios se ubicarán en áreas que han estado bajo condiciones de sequía durante el último año. Esto plantea serias preocupaciones sobre el uso del agua, ya que estos centros requieren grandes cantidades para su funcionamiento, especialmente para el enfriamiento de los equipos.

La situación es alarmante, dado que más del 60% del territorio continental de EE.UU. enfrenta diferentes niveles de sequía, lo que representa la mayor extensión en la primavera desde que se llevan registros modernos. La combinación de la crisis climática y la creciente demanda de agua por parte de la industria de la IA está generando un escenario complicado. Se estima que para 2028, la demanda total de agua de los datacenters alcanzará los 73 mil millones de galones anuales, un aumento significativo desde los 17 mil millones de galones en 2023.

Los gigantes tecnológicos como Google, Meta, Microsoft y Amazon están invirtiendo miles de millones en la construcción de estos datacenters, a menudo eligiendo ubicaciones áridas por el costo más bajo de la tierra y los incentivos fiscales. Sin embargo, esto ha generado un creciente descontento en comunidades rurales que dependen del agua para la agricultura y otras actividades. Las preocupaciones sobre el acceso al agua han llevado a algunos proyectos a ser cancelados o suspendidos, lo que se convierte en un dolor de cabeza político, especialmente en áreas más conservadoras donde la oposición es fuerte.

Desde la perspectiva de los inversores, la creciente presión sobre los recursos hídricos podría traducirse en un aumento de los costos operativos para las empresas de tecnología. Si las comunidades locales comienzan a priorizar el acceso al agua para residentes y agricultores sobre el suministro a los datacenters, esto podría afectar la viabilidad de futuros proyectos. Además, la posibilidad de nuevas regulaciones que limiten el uso de agua por parte de estas instalaciones podría impactar negativamente en las proyecciones de crecimiento del sector.

A futuro, es crucial monitorear cómo las empresas tecnológicas responden a estas preocupaciones. La implementación de tecnologías de enfriamiento más eficientes y la colaboración con autoridades locales para asegurar un uso responsable del agua serán aspectos clave. Sin embargo, la creciente oposición pública y la presión política podrían llevar a restricciones más severas en el desarrollo de nuevos datacenters. Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán determinantes para el futuro de la industria de la IA en EE.UU. y su relación con los recursos hídricos.