En marzo, Meta anunció su decisión de comenzar a pagar a creadores en USDC, una stablecoin vinculada al dólar estadounidense, en Colombia y Filipinas, con planes de expansión a más de 160 países para finales de año. Este movimiento ha sido interpretado como un paso significativo hacia la adopción de las stablecoins en el ámbito financiero global, dado que Meta maneja casi 3 mil millones de dólares anuales en pagos a creadores. Sin embargo, aunque la transferencia de fondos es rápida y de bajo costo, el verdadero desafío radica en la conversión de estas stablecoins a monedas locales, lo que puede complicar el acceso a los ingresos para muchos creadores en mercados emergentes.

Los creadores que reciben pagos en USDC deben gestionar sus propias billeteras externas y elegir redes compatibles, como Solana o Polygon. Este proceso puede resultar complicado, especialmente para aquellos que no están familiarizados con el ecosistema cripto. Meta advierte que los fondos enviados a direcciones incorrectas o redes no soportadas no pueden ser recuperados, lo que añade un nivel de riesgo y complejidad. A pesar de que la liquidación es casi instantánea y los costos son mínimos, el proceso de convertir USDC a moneda local implica múltiples pasos que pueden incluir el envío de fondos a un intercambio, la verificación de cumplimiento, la venta a fiat y el retiro a través de la infraestructura bancaria local.

La elección de Colombia y Filipinas como mercados piloto resalta la tensión entre la eficiencia de las stablecoins y la fragmentación de la infraestructura financiera local. En Filipinas, por ejemplo, la adopción de billeteras móviles está profundamente arraigada en el comercio diario, con plataformas como GCash y Maya facilitando las transacciones. Sin embargo, la infraestructura para convertir stablecoins a pesos filipinos sigue siendo desigual, con variaciones en la liquidez, requisitos de cumplimiento y experiencia del usuario. Esto significa que, a pesar de la promesa de las stablecoins, muchos creadores aún enfrentan costos significativos en la conversión de sus ingresos.

Las redes de tarjetas, como Mastercard y Visa, han adoptado un enfoque diferente al integrar las stablecoins en la infraestructura financiera existente. Mastercard, por ejemplo, adquirió BVNK por 1.800 millones de dólares, ampliando sus capacidades de liquidación en stablecoins en más de 130 jurisdicciones. Por su parte, Visa ha establecido una asociación con Bridge para ofrecer tarjetas vinculadas a stablecoins, permitiendo a los usuarios gastar saldos digitales en cualquier comerciante que acepte Visa, con la conversión manejada en segundo plano. Este enfoque minimiza la complejidad para el usuario final, ya que nunca tienen que interactuar directamente con las stablecoins.

A medida que las transacciones en stablecoins alcanzaron los 33 billones de dólares en 2025, un aumento del 72% respecto al año anterior, la industria de pagos se enfrenta a un desafío crucial: la capacidad de la capa de conversión para escalar al mismo ritmo que la liquidación en cadena. Las soluciones que logren hacer que la infraestructura blockchain sea invisible para el usuario final serán las que prevalezcan. En este sentido, aunque Meta ha contribuido a avanzar en la conversación sobre el uso de stablecoins, la próxima fase de adopción dependerá de una integración más fluida en la infraestructura financiera existente, como redes de tarjetas y aplicaciones bancarias.

En resumen, el futuro de los pagos en stablecoins dependerá de la capacidad de las plataformas para simplificar la experiencia del usuario y reducir la complejidad asociada con la conversión a moneda local. Los creadores que actualmente reciben pagos en USDC deben estar atentos a las soluciones que puedan surgir para facilitar este proceso, así como a la evolución de la infraestructura financiera en sus respectivos países. La integración de stablecoins en sistemas financieros más amplios podría cambiar la forma en que los creadores acceden a sus ingresos, haciéndolo más eficiente y menos costoso en el futuro.