La deuda externa de México ha alcanzado su menor proporción en relación al total de la deuda pública, situándose en un 12.2% del PIB al cierre de 2025. Este descenso es significativo, ya que representa una reducción desde el 13.4% en 2021, y se enmarca en un contexto donde el manejo de la deuda ha priorizado la emisión en pesos mexicanos, lo que ha permitido al país reducir su exposición a choques externos. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha destacado que esta estrategia es clave para estabilizar la trayectoria de la deuda pública, especialmente tras las recientes revisiones a la baja por parte de las calificadoras de crédito como Moody’s y S&P.

Desde mayo, Moody’s ha ajustado la calificación de México de Baa2 a Baa3, mientras que S&P ha cambiado su perspectiva de estable a negativa. Estos movimientos han sido impulsados por el aumento de la deuda pública, que ha resonado en las decisiones de las calificadoras. Sin embargo, el titular de la SHCP, Édgar Amador Zamora, ha enfatizado que el país cuenta con diversas acciones para revertir estas revisiones, destacando la importancia de mantener la mayoría de la deuda en moneda nacional, lo que reduce la vulnerabilidad ante fluctuaciones del tipo de cambio.

Históricamente, la proporción de la deuda externa ha fluctuado considerablemente. En 1995, tras el Error de diciembre, la deuda externa alcanzó su nivel máximo, pero ha ido disminuyendo desde entonces, tocando mínimos en 2008 durante la crisis financiera mundial. Desde 2021, la tendencia ha sido a la baja, con una reducción continua que ha permitido a México fortalecer su posición financiera. Este cambio ha sido respaldado por la fortaleza del peso frente al dólar, lo que ha significado un menor costo en pesos para el servicio de la deuda externa.

Para los inversores, el hecho de que la mayoría de la deuda pública esté en pesos puede ofrecer una mayor estabilidad, aunque también implica un costo de financiamiento más alto en comparación con economías como la de Estados Unidos, donde la tasa de referencia se mantiene entre 3.50% y 3.75%, frente al 6.5% en México. Además, el costo financiero por financiamientos externos ha disminuido un 10.4% en términos reales en el primer cuatrimestre de 2025, lo que podría ser visto como un alivio para las finanzas del país.

A futuro, es crucial observar cómo la SHCP implementa sus estrategias para mejorar el perfil de la deuda, así como la evolución de las calificaciones crediticias. La política fiscal y la capacidad del gobierno para generar ingresos adicionales serán determinantes. La atención también debe centrarse en la política presupuestaria y el estado de derecho, factores que influyen en la percepción de riesgo por parte de los inversores. Las decisiones de las calificadoras en los próximos meses serán un indicador clave del rumbo que tomarán las finanzas públicas mexicanas y su impacto en la región, incluyendo a Argentina, que sigue de cerca las dinámicas de sus vecinos en LATAM.