A pocos días del inicio de la Copa del Mundo 2026, la atmósfera en Estados Unidos, especialmente en Nueva Jersey, sede de la final, es notablemente diferente a la de México. Mientras que en ciudades como la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara el Mundial ya ha comenzado a ser parte de la conversación pública, con activaciones, anuncios y una palpable emoción, en Nueva Jersey el MetLife Stadium se presenta casi desierto. La falta de actividad en el estadio contrasta con el bullicio y la anticipación que se vive en México, donde las marcas están invirtiendo en campañas para conectar con los aficionados, incluso sin ser patrocinadores oficiales del torneo.

El MetLife Stadium, que albergará la final el 19 de julio, muestra un panorama desolador. Un taxista uruguayo que trabaja en la zona, Horacio Bonilla, comenta que la mayoría de sus pasajeros ni siquiera están al tanto de las fechas de los partidos. En su opinión, el interés por el fútbol en Estados Unidos es eclipsado por otros deportes como el béisbol y el fútbol americano, así como por la política. Esta desconexión se refleja en el ambiente del estadio, donde las puertas permanecen cerradas y las pantallas apagadas, lo que contrasta con la vibrante actividad que se espera en México.

En México, el Mundial ya ha permeado en la cultura popular. Desde la colocación de un balón monumental en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México hasta la activación de marcas como Subway y Panini, que han lanzado productos exclusivos para el evento, el país está en plena ebullición mundialista. Las marcas están aprovechando el evento para conectar con los consumidores, lo que se traduce en un aumento del consumo y en una mayor visibilidad de la Copa del Mundo en el espacio público.

En Estados Unidos, el enfoque parece ser más turístico que futbolístico. Leo Salazar, gerente de relaciones públicas de Visit Orlando, señala que la mayoría de los viajeros que asistirán a los partidos son internacionales, provenientes de Europa y América Latina, que buscan combinar el torneo con vacaciones familiares. Esto indica que el impacto económico del Mundial en Estados Unidos podría ser más limitado en comparación con México, donde el evento se vive con fervor y entusiasmo.

De cara al futuro, es crucial observar cómo evolucionará la situación en Estados Unidos a medida que se acerque la fecha del Mundial. Con el inicio del torneo el 11 de junio, se espera que la actividad aumente, pero la pregunta es si esto será suficiente para generar un ambiente comparable al de México. Las marcas y los organizadores deberán trabajar para elevar el perfil del evento y atraer a más aficionados locales, o de lo contrario, el Mundial podría pasar desapercibido en un país donde el fútbol aún lucha por ganar terreno frente a otros deportes más populares.