El conflicto en Medio Oriente, especialmente la guerra en Irán, ha desencadenado una serie de shocks en el suministro de múltiples commodities, afectando de manera significativa a los mercados globales. La interrupción del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, que representa aproximadamente el 27% del comercio mundial de petróleo, ha generado escasez histórica y ha puesto una presión operativa a largo plazo sobre la infraestructura energética del Golfo. Se estima que la reparación de las instalaciones de gas natural licuado (GNL) dañadas en Qatar podría tardar hasta cinco años, lo que agrava aún más la situación.

Los precios del petróleo crudo han sido los más afectados, con un 20% del consumo global de petróleo transitando normalmente por el estrecho de Ormuz. Los compradores asiáticos, incluidos China, India y Japón, son particularmente vulnerables a estas fluctuaciones. A pesar de los esfuerzos de desescalada, se espera que la prima de riesgo de guerra y la reorientación de los tanqueros mantengan los precios estructuralmente altos. En el corto plazo, el cierre prolongado de rutas de exportación podría provocar un déficit catastrófico de suministro, lo que llevaría a un aumento drástico en los precios de referencia como el Brent.

El mercado de GNL también se enfrenta a desafíos significativos, ya que Qatar, uno de los mayores exportadores de GNL del mundo, depende del estrecho de Ormuz para casi todas sus exportaciones. Aunque se anticipan aumentos en la capacidad de GNL en Estados Unidos, el mercado se encuentra estructuralmente más ajustado que el petróleo, ya que la reorientación de suministros alternativos es más complicada. Esto podría resultar en un aumento dramático de los precios spot de GNL en Asia, forzando a la industria a racionar el consumo.

Otro aspecto crítico es el impacto en los fertilizantes, donde los productores del Golfo son grandes exportadores de urea y amoníaco. La producción de fertilizantes depende en gran medida del gas natural, y los ataques a la infraestructura energética han llevado a un aumento de precios de entre el 30% y el 40% en los fertilizantes nitrogenados en Estados Unidos. Esto representa un riesgo significativo para la seguridad alimentaria en países en desarrollo que dependen de estas importaciones, como India y Pakistán.

Finalmente, el mercado del aluminio también enfrenta una crisis de suministro sin precedentes, con un déficit proyectado de al menos 2 millones de toneladas métricas para finales de 2026. La producción en el Golfo ha sido severamente afectada por ataques a instalaciones clave, lo que ha interrumpido el flujo de materias primas esenciales. Esta situación se ve agravada por las sanciones comerciales que limitan la capacidad de los fabricantes occidentales para buscar proveedores alternativos, lo que podría llevar a un aumento de precios en el mercado global de aluminio.