La economía chilena ha mostrado señales preocupantes en abril, con el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) registrando una contracción del 1,2%. Este dato, que se ubica por debajo de las expectativas del mercado, marca la cuarta caída consecutiva del indicador, algo que no ocurría desde los momentos más críticos de la pandemia en 2020. La contracción se ha visto impulsada principalmente por un desempeño débil en los sectores de minería y producción de bienes, que han estado en terreno negativo durante varios meses.

El exconsejero del Banco Central, Pablo García, ha expresado su escepticismo respecto a la posibilidad de que la economía chilena logre crecer un 2% en 2026, afirmando que las condiciones actuales hacen que este objetivo sea poco probable. Para alcanzar dicha meta, se requeriría una aceleración significativa en la actividad económica en los próximos meses, algo que parece difícil dado el contexto actual. La caída del Imacec ha enfriado las expectativas de crecimiento, que ya estaban debilitadas por un primer trimestre marcado por un comportamiento muy débil de las exportaciones.

Mario Marcel, exministro de Hacienda, también se ha referido a la situación, calificando la cifra como “mala” y señalando que el sector exportador es el principal responsable del bajo desempeño en el primer trimestre. Las exportaciones chilenas han enfrentado desafíos significativos, lo que ha impactado negativamente en la actividad económica general. Esta situación plantea serias dudas sobre la capacidad del país para recuperarse en el corto plazo, especialmente en un entorno global que sigue siendo incierto.

Las implicancias para los inversores son claras: un crecimiento débil en Chile podría afectar la confianza en el país como destino de inversión. La contracción en sectores clave como la minería, que es fundamental para la economía chilena, podría llevar a una reducción en las proyecciones de ingresos fiscales y, por ende, a un deterioro en la calificación crediticia del país. Esto podría traducirse en un aumento en el costo de financiamiento para el gobierno y las empresas, lo que a su vez podría impactar en el mercado de bonos y en la cotización del peso chileno frente al dólar.

De cara al futuro, es crucial monitorear los próximos informes económicos y las políticas que el Banco Central implemente para estimular la economía. La próxima reunión del Banco Central está programada para el mes de junio, donde se espera que se tomen decisiones clave sobre la tasa de interés y otras medidas de estímulo. Además, se debe prestar atención a la evolución de las exportaciones chilenas, que son un indicador clave del desempeño económico en el corto plazo. La capacidad de la economía para recuperarse dependerá en gran medida de cómo se desarrollen estos factores en los próximos meses.