La industria del calzado en Argentina enfrenta una crisis sin precedentes, con una caída de la producción que se ha desplomado de un promedio histórico de 120 millones de pares anuales a solo 80 millones en 2025. Emmanuel Fernández, propietario de la fábrica de zapatillas Kioshi, reporta que su producción ha caído de casi 40,000 pares mensuales en su mejor momento a apenas 10,000 pares en la actualidad. Esta drástica reducción ha llevado a Fernández a recortar su personal de casi 120 empleados a solo 15, lo que ilustra la gravedad de la situación.

El contexto económico del país ha sido un factor determinante en esta crisis. La caída en el consumo ha sido alarmante, con la venta per cápita de calzado reduciéndose de casi cuatro pares a solo dos, niveles comparables a los de Perú y Bolivia. La Cámara Industrial de Calzado ha señalado que los primeros tres meses de 2026 muestran una caída del 25% en comparación con el mismo período de 2024, lo que pone de manifiesto un patrón de consumo que se sigue deteriorando. Además, muchos comercios están cerrando, y los fabricantes están optando por alquilar sus talleres a otros negocios para evitar la quiebra.

Fernández también menciona que, aunque ha habido un aumento en las importaciones de calzado, el verdadero problema radica en la falta de consumo. A pesar de que el mercado ha visto un incremento en el ingreso de productos importados, la demanda local ha disminuido drásticamente, lo que ha llevado a un sobrestock en las tiendas. Esto ha resultado en una leve disminución de las importaciones, ya que los comerciantes no pueden vender lo que ya tienen en inventario. La situación se complica aún más con problemas de crédito y cobro, donde los cheques rechazados son cada vez más comunes entre los clientes.

El empresario destaca que la competencia con productos importados es desleal, especialmente considerando el aumento de los costos energéticos y financieros en Argentina. A pesar de que algunas fábricas locales cuentan con tecnología comparable a la de Asia, la falta de escala y el régimen de importaciones han limitado su capacidad de competir. Fernández critica la narrativa oficial que culpa a la falta de competitividad de la industria local, argumentando que la verdadera cuestión es la política económica del país y su enfoque hacia el desarrollo productivo.

A medida que la situación se agrava, Fernández ha notado un fenómeno preocupante: las 'ventas canceladas', donde los consumidores compran en cuotas y luego cancelan la compra para obtener un reembolso inmediato. Esto refleja la presión financiera que enfrentan muchos argentinos, quienes recurren a estrategias de financiamiento para sobrevivir. Esta tendencia ha llevado a Fernández a eliminar la opción de pago en cuotas, ya que las cancelaciones han afectado severamente su flujo de caja. La crisis del calzado no solo es un problema para los fabricantes, sino que también refleja un panorama económico más amplio en Argentina, donde el consumo se ha visto drásticamente afectado por la inflación y la falta de confianza en el futuro económico del país.