La mayor transferencia de riqueza de la historia ha comenzado en México, poniendo a prueba la capacidad de las familias empresarias para gestionar su legado. Según UBS, se estima que a nivel global, 83 billones de dólares cambiarán de manos entre generaciones, lo que representa un desafío significativo para la continuidad de muchas empresas familiares en el país. Este proceso de sucesión no solo involucra la herencia de activos, sino que también plantea la necesidad de una planificación adecuada y una comunicación efectiva para evitar la destrucción del valor acumulado durante generaciones.

Patrick Raschle, CEO de UBS Asesores México, destaca que México se encuentra en un momento crucial para definir el futuro de estos patrimonios. A pesar de contar con una sólida base de empresas familiares, la preparación para una transición estructurada es desigual. Mientras que el 60% de las familias latinoamericanas aún ven la sucesión como un evento familiar más que como una responsabilidad estratégica, menos del 25% de las familias en el mundo tienen estructuras formales de gobernanza. Esta falta de preparación puede resultar en conflictos internos que amenazan la estabilidad de las empresas.

La comunicación es un aspecto crítico en este proceso. UBS señala que el 33% de las tensiones relacionadas con la transferencia patrimonial provienen de problemas de comunicación. Cuando las discusiones sobre herencia y control empresarial se posponen, la probabilidad de conflictos aumenta, lo que puede llevar a disputas personales y pérdidas de valor. En México, donde las empresas familiares representan una parte importante de la economía, estas tensiones pueden traducirse en fragmentación accionaria y dificultades para garantizar la continuidad del negocio.

Además, la nueva generación de inversionistas tiene diferentes prioridades y hábitos en la gestión de su patrimonio. Juan Hernández, director de Vanguard Latinoamérica, señala que muchos jóvenes prefieren utilizar aplicaciones móviles y plataformas digitales para administrar sus inversiones. Esta tendencia se refleja en el crecimiento de la industria financiera mexicana, donde el número de cuentas de inversión ha pasado de unos pocos cientos de miles a más de 10 millones en la última década, impulsado por la digitalización y la simplificación de procesos.

A medida que las empresas familiares enfrentan la transición generacional, también deben replantear su gobernanza. Aunque la figura del fundador sigue siendo predominante, la complejidad de los negocios modernos exige estructuras más institucionalizadas y procesos claros para la toma de decisiones. A nivel global, se estima que el 32% de los emprendedores planea transicionar o salir de su negocio en los próximos cinco años, pero en América Latina, esta cifra se reduce a solo el 10%. Esto indica que muchos empresarios en la región aún postergan decisiones críticas que deben tomar en el futuro cercano. La conversación sobre inversiones también está evolucionando, con un aumento en el interés por ETFs, acciones globales y criterios ESG, lo que refleja un cambio en las preferencias de las nuevas generaciones.

En conclusión, el proceso de sucesión en las empresas familiares mexicanas es un tema de gran relevancia que requiere atención inmediata. Las familias deben comenzar a abordar estas conversaciones de manera proactiva para asegurar la continuidad de sus negocios y la preservación de su patrimonio. Con el horizonte de la mayor transferencia de riqueza de la historia, es fundamental que las familias se preparen para enfrentar estos desafíos y se adapten a las nuevas realidades del mercado financiero.