La producción de maíz en Argentina ha alcanzado un récord de 64 millones de toneladas, pero según Federico Zerboni, presidente de la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), el país tiene el potencial de llegar a 100 millones en el corto plazo. Este crecimiento no solo se debe a la demanda internacional, sino también al aumento del consumo interno, impulsado por el mayor uso de proteína animal. Actualmente, Argentina exporta maíz a más de 100 países, lo que refleja la creciente importancia de este cultivo en el mercado global.

El maíz ha cobrado relevancia en el interior del país, donde su producción se ha incrementado gracias a políticas que fomentan el consumo interno. Zerboni destaca que el maíz ya no es solo un alimento, sino que se ha convertido en un recurso energético, especialmente en la producción de etanol. Este cambio de paradigma se ha visto impulsado por factores como la guerra en Medio Oriente, que ha afectado la producción agrícola en Europa, llevando a países como España e Italia a importar maíz argentino para satisfacer su demanda.

En términos de producción, el año pasado se sembraron 7 millones de hectáreas con un rendimiento promedio de 7 toneladas por hectárea, lo que resultó en 50 millones de toneladas. Este año, la superficie sembrada ha aumentado a 8 millones de hectáreas, con un rendimiento estimado de 8 toneladas por hectárea, lo que podría llevar la producción a entre 64 y 65 millones de toneladas. Sin embargo, Zerboni enfatiza que aún hay un gran potencial por desarrollar, y que con la implementación de tecnología adecuada, se podría alcanzar el objetivo de 100 millones de toneladas.

La distribución de la producción también es un aspecto clave. De los 60 millones de toneladas producidas, aproximadamente 40 millones se destinan a la exportación, mientras que 20 millones se consumen en el mercado interno. Con un objetivo de producción de 100 millones de toneladas, se espera que la exportación alcance los 50 millones, mientras que la otra mitad se transformaría en productos de valor agregado. Esto no solo beneficiaría a los productores, sino que también generaría empleo y riqueza en las zonas de producción.

Para lograr estos objetivos, Zerboni subraya la necesidad de implementar políticas públicas efectivas, como una ley de biocombustibles que fomente la inversión a largo plazo. La propuesta incluye aumentar el corte de bioetanol del 12% actual al 15%, lo que podría mejorar la calidad de la nafta y abrir nuevas oportunidades en el sector de biocombustibles. La reciente rebaja de retenciones anunciada por el presidente Javier Milei se considera un primer paso positivo, pero se requiere un marco legal que garantice la estabilidad de estas políticas en el futuro.

En conclusión, el futuro del maíz en Argentina parece prometedor, pero depende de la implementación de políticas que fomenten la inversión y el desarrollo del sector. La experiencia de Brasil, que ha pasado de ser un importador de alimentos a uno de los principales exportadores, sirve como un modelo a seguir. Los próximos meses serán cruciales para observar cómo se desarrollan estas políticas y su impacto en la producción y exportación de maíz argentino.