Phil Hogan, excomisionado de Agricultura de la Unión Europea, ha emergido como el principal candidato para liderar la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un puesto que no ha sido ocupado por un europeo desde 1975. La FAO es crucial en la formulación de normas globales sobre seguridad alimentaria y sostenibilidad, y su director general tiene un presupuesto de 1.000 millones de dólares y un equipo de 15.000 empleados. Hogan, quien renunció a su cargo en 2020 tras un escándalo relacionado con el COVID-19, ha comenzado a hacer campaña activamente para asegurar el apoyo de los países miembros de la ONU, ya que la votación para el puesto se llevará a cabo en 2027.

Desde que se anunció que la FAO estaría buscando un nuevo líder, la Unión Europea ha estado en una intensa competencia interna. Tres países de la UE han presentado candidatos: Irlanda con Hogan, España con Luis Planas y Italia con Maurizio Martina. La estrategia de Hogan ha sido la más proactiva, viajando a diferentes países para ganar apoyo, incluyendo Brasil y Mauritania, y ha logrado captar la atención de diplomáticos clave. A pesar de su historial controvertido, su alineación política con el Partido Popular Europeo, que domina muchas capitales de la UE, le otorga una ventaja sobre sus rivales socialistas.

La situación se complica por la rotación no oficial de liderazgo entre las agencias de la ONU en Roma, donde se encuentran la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP). España ya dirige una de estas agencias, lo que podría perjudicar las posibilidades de Planas. Además, la presión de las naciones latinoamericanas y otros actores globales para evitar que un solo país controle múltiples agencias podría influir en la decisión final. Esto añade una capa de complejidad a las negociaciones, ya que los países deben considerar el equilibrio de poder en la región.

Para los inversores, el resultado de esta contienda podría tener implicaciones significativas en la política agrícola global y, por ende, en los mercados de commodities. La FAO juega un papel fundamental en la regulación de la producción y el comercio de alimentos, y cualquier cambio en su liderazgo podría afectar la oferta y la demanda de productos agrícolas. Esto es especialmente relevante para Argentina, un importante exportador de alimentos, que podría beneficiarse o verse perjudicado dependiendo de las políticas que se implementen bajo un nuevo liderazgo en la FAO.

A medida que se acerca la votación en 2027, los candidatos continuarán buscando apoyo y realizando campañas. La falta de consenso entre los países de la UE sobre quién debería ser el candidato único representa un riesgo, ya que una división podría permitir que un candidato externo gane el puesto. Con tres candidatos africanos ya en la contienda, la competencia se intensificará, y será crucial observar cómo se desarrollan las alianzas y el apoyo diplomático en los próximos meses. Las decisiones que se tomen en las cumbres de la UE y las negociaciones bilaterales serán determinantes para el futuro de la FAO y la dirección de la política alimentaria global.