Las cuentas del gobierno brasileño registraron un superávit primario de R$ 25,2 mil millones en abril de 2026, según informó el Tesoro Nacional. Este resultado es el mejor para el mes de abril en cuatro años, superando el superávit de R$ 19 mil millones del mismo mes del año anterior, ajustado por inflación. Este incremento en el superávit se atribuye principalmente a un aumento en la recaudación fiscal, impulsada por la reciente alza en los precios del petróleo debido a la guerra en Irán, que comenzó en marzo y ha tenido un efecto directo en las finanzas públicas del país.

El secretario-adjunto del Tesoro Nacional, David Rebelo Athayde, destacó que el aumento en la recaudación se debe a varios factores, entre ellos los ingresos por royalties y la participación especial en la venta de petróleo. Aunque no se pudo determinar el monto exacto del incremento en la recaudación atribuible a la subida del petróleo, se estima que podría ser de R$ 8 mil millones mensuales, aunque esto se verá parcialmente compensado por una reducción de R$ 6 mil millones en tributos y subsidios a combustibles. Este contexto resalta la interconexión entre los precios internacionales de las materias primas y la salud fiscal del gobierno brasileño.

En términos de cifras, las receitas líquidas de transferencias aumentaron un 5,8% en términos reales, alcanzando R$ 235 mil millones, mientras que las despesas crecieron un 3,3%, totalizando R$ 210 mil millones. Este crecimiento en la recaudación se debe, en parte, a las reformas fiscales implementadas en los últimos años por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que han llevado a un aumento en los impuestos, así como a un crecimiento sostenido de la economía brasileña, que ha favorecido la actividad económica y, por ende, la recaudación.

A pesar de este superávit en abril, el acumulado de los primeros cuatro meses del año muestra un superávit primario de solo R$ 8,67 mil millones, en comparación con R$ 78,14 mil millones en el mismo período del año anterior. Esta disminución se debe, en parte, a un aumento en las despesas, que crecieron un 14,2% en términos reales, impulsadas por la anticipación en el pago de precatorios. Este aumento en las despesas podría generar preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal a largo plazo, especialmente si la recaudación no se mantiene en niveles elevados.

La meta fiscal para 2026 es un superávit de 0,25% del PIB, equivalente a aproximadamente R$ 34,3 mil millones. Sin embargo, el gobierno tiene un margen de tolerancia de 0,25 puntos porcentuales, lo que significa que un saldo cero también sería considerado como cumplimiento de la meta. A pesar de esto, las proyecciones actuales sugieren que el gobierno podría enfrentar un déficit de R$ 60,3 mil millones este año, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad del gobierno para cumplir con sus objetivos fiscales en el futuro cercano. Los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan las finanzas públicas en Brasil, especialmente en un contexto de volatilidad en los precios de las materias primas y cambios en la política fiscal.

En resumen, el superávit primario de abril es un indicativo positivo, pero la situación fiscal general del país sigue siendo frágil. Los próximos meses serán cruciales para observar cómo se comportan las receitas y despesas, así como el impacto de la situación geopolítica en la economía brasileña. Eventos como la evolución del conflicto en Irán y su efecto en los precios del petróleo, así como las decisiones fiscales del gobierno, serán factores clave a monitorear en el corto y mediano plazo.