El 20 de mayo, Moody's Ratings recortó la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3, un movimiento que ha generado un fuerte eco en los medios financieros. Este ajuste se produce en un contexto de déficit fiscal creciente, problemas estructurales en Pemex y un gasto rígido que limita la capacidad de respuesta del gobierno. Sin embargo, más allá de los números, lo que Moody's está evaluando es la calidad de las instituciones que rigen las finanzas públicas del país, un aspecto que a menudo pasa desapercibido en los análisis convencionales.

Desde 2023, México ha violado sistemáticamente tanto la regla de balance presupuestario como el ancla de deuda, lo que sugiere que los mecanismos de control interno del Estado están fallando. En el ámbito corporativo, un incumplimiento recurrente de políticas internas no solo es un problema contable, sino que también revela una cultura organizacional que prioriza otras urgencias sobre la disciplina fiscal. Esta situación es alarmante, ya que el incumplimiento de las reglas fiscales puede erosionar la confianza de los inversores y afectar la percepción de riesgo del país en los mercados internacionales.