La agencia calificadora Moody’s Ratings ha decidido mantener la calificación crediticia de Petróleos Mexicanos (Pemex) en B1 con perspectiva estable. Esta decisión se basa en la expectativa de que el gobierno mexicano continuará brindando un apoyo financiero 'muy alto y oportuno' a la petrolera estatal, a pesar de que la empresa enfrenta problemas operativos significativos, presiones de liquidez y necesidades constantes de financiamiento. Moody’s también confirmó la calificación corporativa de Pemex, así como las notas senior no garantizadas y los programas de financiamiento vinculados a la compañía. Sin embargo, la evaluación de fortaleza crediticia independiente de Pemex se mantiene en 'ca', una de las más bajas en la escala de Moody’s, reflejando su débil perfil financiero sin respaldo soberano.

La confirmación de las calificaciones de Pemex se produce en un contexto donde el gobierno mexicano ha reforzado su compromiso con la empresa a través de medidas financieras implementadas en 2025, así como con apoyos previstos en el presupuesto de 2026. Esto incluye la posibilidad de financiamiento adicional mediante bancos de desarrollo y otras políticas públicas, como la reforma al sistema de pensiones del sector público, que busca reducir las presiones financieras sobre entidades estatales, incluida Pemex. Sin embargo, Moody’s advierte que el perfil crediticio de la petrolera sigue siendo limitado por los persistentes desafíos operativos, que han resultado en un flujo de caja libre negativo y una elevada necesidad de financiamiento.

A finales de marzo de 2026, Pemex reportó aproximadamente 8,000 millones de dólares en efectivo y otros 5,700 millones de dólares en líneas de crédito revolventes comprometidas para hacer frente a sus obligaciones a corto plazo. A pesar de este respaldo, Moody’s anticipa que, sin una mejora estructural en el desempeño operativo, Pemex continuará generando flujo de caja libre negativo durante los próximos 12 a 18 meses. Esto implica que la empresa seguirá dependiendo de apoyos extraordinarios para cumplir con sus obligaciones financieras, lo que plantea un riesgo significativo para su estabilidad a largo plazo.

La situación de Pemex es crítica, ya que la empresa enfrenta un perfil crediticio débil debido a su elevada deuda y a una limitada capacidad interna para financiar inversiones y obligaciones financieras. Además, las operaciones de refinación de Pemex son ineficientes y su estrategia de priorizar el procesamiento doméstico sobre las exportaciones limita los beneficios que podría obtener de los precios internacionales del petróleo. Esto se ve agravado por los topes al precio de los combustibles y una menor inversión de capital, factores que afectan los márgenes y la sostenibilidad productiva de la empresa.

Mirando hacia el futuro, la perspectiva estable de Moody’s indica que no se anticipan cambios significativos en la estrategia de negocios y el perfil financiero de Pemex en los próximos seis a 12 meses, siempre y cuando el apoyo gubernamental siga siendo suficiente para mantener la liquidez de la compañía. Una eventual mejora en la calificación de Pemex dependerá de cambios estructurales en su estrategia y operación que permitan incrementar la producción, mejorar la generación de efectivo y reducir la dependencia del apoyo externo. Los próximos meses serán cruciales para observar si el gobierno mexicano puede mantener su compromiso con la empresa y si Pemex puede revertir su situación financiera actual.