Entre el 10 de abril y el 12 de mayo de 2026, dos de las principales agencias calificadoras revisaron la calificación de la deuda soberana de México, reflejando un panorama más complejo para la economía del país. Fitch Ratings confirmó la calificación de riesgo crediticio a largo plazo en moneda extranjera de México en BBB-, el nivel más bajo en la escala del grado de inversión, con perspectiva estable. Por otro lado, S&P Global Ratings ratificó la calificación soberana en BBB, pero modificó la perspectiva a negativa desde estable, lo que indica un mayor riesgo de deterioro en la situación fiscal del país.

Las revisiones de las calificaciones crediticias se producen en un contexto de crecimiento económico moderado y desafíos fiscales persistentes. Fitch destacó que, aunque la calificación se sustenta en un marco de política macroeconómica prudente y cuentas externas sólidas, el crecimiento de la deuda soberana respecto al PIB podría superar el 50% para 2027. Esto se debe a la combinación de un crecimiento económico débil y una base de ingresos baja, lo que limita la capacidad del gobierno para consolidar sus finanzas.

S&P, por su parte, advirtió que la carga de intereses podría aumentar debido a un déficit fiscal que se consolida lentamente. La dependencia del apoyo fiscal a empresas estatales como Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad agrava la rigidez fiscal del país. Además, un posible deterioro en las relaciones comerciales con Estados Unidos podría debilitar aún más la posición externa de México, lo que representa un riesgo adicional para la calificación crediticia.

La perspectiva negativa de S&P y Moody’s, que también mantiene una calificación con perspectiva negativa, sugiere que el perfil crediticio de México se ha debilitado. Esto puede tener implicancias directas en los costos de financiamiento del gobierno y en la confianza de los inversores. Un aumento en las tasas de interés podría resultar en un encarecimiento del crédito, afectando tanto a empresas como a consumidores. Para los inversores argentinos, esta situación podría traducirse en un mayor riesgo en la exposición a activos mexicanos, especialmente en un entorno donde la incertidumbre económica es alta.

A futuro, se espera que Moody’s revise su calificación en el primer semestre de 2026, lo que podría ocurrir entre mayo y junio. Los inversores deberán estar atentos a las decisiones fiscales del gobierno mexicano y a cualquier cambio en las relaciones comerciales con Estados Unidos, ya que estos factores serán determinantes para la estabilidad de la calificación crediticia del país y, por ende, para su atractivo como destino de inversión. La situación fiscal de México es un tema crítico que podría influir en los mercados de deuda y en la percepción de riesgo en la región, afectando también a los activos argentinos en un contexto de interconexión económica.