El sector de las pymes petroleras en Argentina, especialmente aquellas vinculadas a la cadena de Oil & Gas, está atravesando un momento crítico. A medida que Vaca Muerta continúa su expansión y se consolida como un motor económico, estas empresas enfrentan un aumento significativo en sus costos en dólares. A pesar de que muchos de sus contratos están dolarizados, el tipo de cambio oficial se ha mantenido prácticamente estable, lo que ha comenzado a erosionar sus márgenes de ganancia. Este fenómeno se ha intensificado desde las últimas elecciones, donde el costo de mano de obra y otros insumos han aumentado a un ritmo que supera la inflación oficial.

Jorge Scian, director de TYCSA y presidente de la Comisión de Energía de ADIMRA, expone que el “dólar planchado” ha llevado a que las empresas tengan costos muy altos en dólares. Con salarios en Argentina que, al tipo de cambio oficial, son significativamente más altos que en Brasil, la competitividad de las pymes se ve comprometida. Por ejemplo, el salario promedio en Brasil es de 800 dólares, mientras que en Argentina, al tipo de cambio oficial, ese valor se traduce en 1.150.000 pesos, lo que resulta insuficiente para cubrir los costos de vida. Esto ha llevado a que las pymes deban duplicar los salarios de sus pares brasileños, afectando su capacidad de recuperación a través de la productividad.

La situación es aún más alarmante para las pymes manufactureras, que están viendo una caída en la actividad y enfrentan una mayor presión por las importaciones. Scian menciona que actualmente operan a niveles similares a los de la pandemia, con solo cuatro máquinas en funcionamiento de cada diez disponibles. Esta caída en la actividad ha llevado al cierre de empresas y a la destrucción de empleo, lo que pone en riesgo el tejido industrial argentino. A pesar de estas dificultades, TYCSA sigue adelante con sus planes de inversión, ampliando su planta industrial en un 50% y adoptando tecnologías como paneles solares para reducir costos operativos.

El deterioro de la competitividad de las pymes en el sector energético plantea un dilema para el modelo económico argentino. Aunque las perspectivas macroeconómicas para Vaca Muerta y las exportaciones hidrocarburíferas son positivas, el atraso cambiario y el aumento de costos internos están afectando la rentabilidad de las empresas proveedoras. Scian advierte que el país está atrapado en una lógica de corto plazo, priorizando la extracción de recursos para generar dólares y pagar deudas, sin desarrollar políticas industriales sostenidas que permitan un crecimiento a largo plazo. Esto contrasta con modelos de otros países que han mantenido políticas industriales efectivas independientemente del signo político de sus gobiernos.

La falta de previsibilidad en el entorno económico argentino también afecta las posibilidades de inversión de las pymes. Scian señala que la Argentina enfrenta un alto costo de financiamiento y una inflación que ronda el 30%, en comparación con Brasil, que cuenta con tasas de interés más bajas y una inflación mínima. Este contexto no solo limita el acceso al crédito, sino que también pone en riesgo el desarrollo de una cadena de valor que podría generar empleo y crecimiento productivo. La preocupación es que el país se convierta en un modelo puramente extractivo, sin agregar valor a los recursos que produce, lo que podría llevar a una dependencia económica peligrosa.

A pesar de los desafíos, Scian considera que Argentina tiene una oportunidad histórica para aprovechar su potencial energético. Sin embargo, el verdadero reto radica en decidir qué tipo de desarrollo se quiere construir alrededor de estos recursos. La discusión no debe centrarse únicamente en exportar más petróleo o gas, sino en cómo esos recursos pueden contribuir a un desarrollo sostenible que beneficie a la economía local y genere empleo. La historia de TYCSA, que ha evolucionado con los ciclos económicos del país, es un reflejo de la necesidad de adaptarse y encontrar oportunidades en medio de la adversidad. La clave estará en invertir en educación y formación técnica para asegurar que las futuras generaciones puedan sostener el crecimiento del sector energético y, por ende, del país.