El 25 de mayo de 2026, Brasil, Noruega y los Países Bajos dieron un paso significativo hacia la sostenibilidad al presentar el primer estudio de viabilidad técnica y económica para establecer corredores marítimos verdes en el Atlántico Sur. Este proyecto busca conectar Europa con Brasil mediante un corredor marítimo que minimice las emisiones de carbono, un tema crítico dado que el transporte marítimo entre estas regiones generó aproximadamente 4,7 millones de toneladas de CO2e en 2023. En particular, las rutas entre Brasil y Noruega fueron responsables de 116 mil toneladas de CO2e, con un 77% de estas emisiones provenientes de graneleros que transportan productos como soja, mineral y celulosa.

El estudio, elaborado por la consultoría noruega DNV, es el resultado de más de un año de cooperación formalizada a través de un Memorando de Entendimiento firmado en febrero de 2025. Este acuerdo destaca la importancia de la colaboración internacional en la lucha contra el cambio climático y la transición hacia energías más limpias. Las tres rutas prioritarias identificadas incluyen la conexión entre el puerto de Vila do Conde en Pará y Karmøy en Noruega, que representa el 66% de las emisiones bilaterales, así como las rutas de Santos a Rotterdam y de Pecém a Rotterdam, enfocadas en la exportación de hidrógeno verde y amoníaco.

El estudio también evaluó tres combustibles alternativos con potencial de emisiones netas nulas: biodiesel, amoníaco verde y metanol verde. Aunque el biodiesel se presenta como la opción más viable debido a su capacidad de ser utilizado en motores existentes, los costos de operación de los barcos de emisión cero siguen siendo significativamente más altos que los convencionales, con un incremento proyectado de entre 43% y 109% dependiendo del combustible. Por ejemplo, el costo total proyectado para la ruta Vila do Conde-Karmøy entre 2026 y 2040 sería de 252 millones de dólares, un 43% más que los 176 millones de dólares de la operación convencional.

La implementación de este corredor verde se ve impulsada por el nuevo marco regulatorio de la Organización Marítima Internacional (IMO), que establece multas significativas para los emisores de CO2e. Esto obligará a la flota convencional a mezclar biodiesel con combustibles fósiles, lo que podría encarecer aún más sus operaciones. Se estima que el sobrecosto del biodiesel en comparación con los combustibles fósiles disminuirá drásticamente de un 86% en 2026 a solo un 8% en 2040. Esta tendencia podría hacer que las inversiones en tecnologías más limpias sean más atractivas a largo plazo.

Para los inversores, este desarrollo representa una oportunidad en el sector de energías renovables y transporte sostenible. La colaboración entre Brasil, Noruega y los Países Bajos no solo se basa en la complementariedad de sus capacidades, sino que también abre la puerta a nuevas inversiones en infraestructura y tecnología. El director del Ministerio de Puertos y Aeropuertos de Brasil, Tetsu Koike, destacó que la clave no es la falta de inversión o regulación, sino la coordinación entre los diferentes actores involucrados. La falta de un marco legal específico para el combustible sostenible de navegación podría ser un obstáculo que necesita ser superado para avanzar en este proyecto.

A futuro, se prevé que en 2026 se lance un edital conjunto de investigación y desarrollo por un monto de 450 millones de reales, destinado a la investigación en combustibles y tecnologías para estas rutas. Este tipo de iniciativas son cruciales para asegurar que todos los actores de la cadena de suministro, desde los armadores hasta los productores, estén alineados en la transición hacia un transporte más sostenible. La capacidad de Brasil para liderar en esta área podría tener implicaciones significativas no solo para su economía, sino también para su posición en el mercado global de energías renovables.